Un día de recuerdos.

Ramón Fernández FernándezRamón Fernández Fernández

# Fecha de alta: 17/07/2016

# Edad: 68 años

# Ubicación: Ourense

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Un día de recuerdos

Hoy volví a revisar las fotos de mi penúltimo Camino realizado a finales de 2013. Me pasé varias horas revisando etapa por etapa, día a día, y sin darme cuenta volví a sentirme en cada uno de los lugares que las fotos me enseñaban.
Me vi en los Pirineos, recordé el cansancio, el sudor, el dolor, los malos presentimientos. Era el primer día, y lo que recibí en aquel día pienso que me dio fuerzas para realizar todo el Camino. Ese día pensé en negativo en muchos momentos, pensé que no sería capaz de afrontar el reto que me había propuesto, pero miraba a mi alrededor y mis quejas y lamentos interiores se iban desvaneciendo a medida que me encontraba con otros peregrinos, que también con caras extenuadas por el cansancio, tenían siempre una sonrisa de ánimo acompañada de un ¡Buen Camino! que me empezaba a sonar como a un empujón, o a una fuerza, algo que yo no había escuchado nunca en mis caminos anteriores. Éramos, o así lo sentí por primera vez, un pelotón de peregrinos, en el que una sencilla palabra daba fuerzas al que la decía y al que la recibía.
De ese día tengo un recuerdo especial, uno que hacía mucho tiempo no sentía, un placer interior de orgullo por lo que había hecho, pero por encima de todo, mi gran encuentro conmigo mismo al sentir el deseo de que llegara el nuevo día para volver a poner la mochila al hombro y salir a caminar. Ese deseo me iba acompañar hasta Santiago, y hasta el día de hoy sé que el Camino me espera para que enriquecer mi interior caminando de nuevo. Pronto volveré a poner la mochila al hombro para llenarla de recuerdos.
Hoy, ahora, veo fotos de Navarra, y recuerdo esos días caminando por esa Comunidad, fue como el gran descubrimiento inicial del Camino. Recuerdo que todo me gustaba, y que siempre me acostaba con la sensación de perder algo, de dejar algo sin ver, de querer más y más de esa tierra que tanto me impactó y que siempre quedará en mi.
Veo fotos de la Rioja, y después de mirar y mirar sonrío, es otra parte del Camino que mis sensaciones fueron de expectativa a todo lo que iba viendo, de alegría en mi caminar, en plena aventura de algún modo. Sentí en muchos momentos sensaciones de como si estuviera en casa, no sé porqué, pero tal vez los viñedos en septiembre me ayudaron a que la memoria asociara mi tierra y ese lugar del Camino.
Luego llego a las fotos de Castilla y León. Aquí tengo que ver dos partes. Le voy a llamar la oriental, Palencia y Burgos, y la occidental, León.
La parte oriental la tenía memorizada o idealizada, y casi estudiada para esa época de final de verano. Tierras secas, tierras sedientas a mi modo de pensar antes de caminar por esos llanos.
Mi pensamiento preconcebido era en parte real, sus campos estaban secos después de la recolección de los cereales, pero en otro pensamiento, también preconcebido, estaba totalmente equivocado, lo cual no solo me agradó, si no que me enseñó, sin necesidad de palabras, la grandeza de la Naturaleza en todas las formas. Mi amor por los bosques se acrecentó con la visión de estos campos de apariencia desolados, pero que guardan en sus entrañas tanta vida como en los maravillosos bosques de mi memoria. El caminar por estos lugares me regalaban de vez en cuando algún árbol, y eso era como un recordatorio, un anticipo de que toda la belleza se puede encontrar de muchas formas en la Naturaleza.
Sí sentí la falta de ríos, pero esa falta me daba fuerzas y pensamientos positivos para lo que me esperaba en otros momentos futuros de mi caminar.
Hoy es posible que de este Camino, denominado Francés, mi recuerdo más nítido y más claro en mi memoria sean esas etapas de tierras secas, tierras que hoy estarán verdes, tierras que engañan al pensamiento si no se pisan o caminan, pero que una vez caminadas son Tierra con mayúsculas.
Siguen mis fotos repasando y avivando mi memoria. Ahora paso por la parte occidental de Castilla y León, y me sonrío con el pasar de las fotos. Tierra de contrastes, tierra de dos colores para mi. Tierra de historia que se puede sentir a cada paso de forma muy especial en cada pueblo del Camino.
León con sus doscientos kilómetros de Camino, más o menos, sentí algo pasado el tiempo. Ese algo lo llegué a sentir, en mi recuerdo, como una preparación en su Naturaleza a lo que tanto echaba de menos, mi tierra gallega.
Creo que debo explicarme un poco mejor.
Las primeras etapas por esta provincia iban aportándome unos caminos que poco a poco iban cambiando hacia un color; un color que llevaba días echando de menos, iba pasando del color rojizo y ocre al verde que ya necesitaban mis ojos. Cada nuevo día la Naturaleza me empezaba a regalar en mi caminar nuevos bosques que añoraba desde el principio del Camino allá por tierras navarras.
Pronto empecé a sentir en este tramo del Camino el rumor del agua en pequeños ríos que poco a poco fueron creciendo en tamaño y en la vegetación que siempre acompaña el cauce de los ríos. En la últimas etapas de la provincia de León, ya me empezaba a sentir casi en casa, en mi tierra, no solo por la Naturaleza, también por nombres de pueblos y sus gentes.
Ahora que lo pienso. Creo que muchos peregrinos me pueden entender, dependiendo de la tierra de cada uno en este largo Camino se pueden sentir estas sensaciones.
Yo empecé caminando y disfrutando, también a veces sufriendo, desde las alturas las impresionantes montañas de los Pirineos, para luego envolverme también en el gran bosque de hayas y acompañarme hacia el primer descanso. Luego, días de más bosques y verde para hartarme, o más bien, llenarme, llenarme de ese espléndido color para que me acompañara en los días venideros por las tierras secas de Castilla, y que una vez agotadas las reservas de ese color, volver poco a poco a entrar en una suave vegetación, como una nueva inyección para animar y dar fuerzas después de más de quince días caminando a la espera de llegar al lugar de los verdes, a Galicia.
A partir de un momento, o más bien de una etapa, ya las fatigas se esfumaron, pero estas sensaciones son difíciles de entender por la gran mayoría de los peregrinos, y es una pena, pero sinceramente, para sentir estas sensaciones, no solo hay que nacer en esta tierra, también hay que amar a Galicia.
Y ahora Galicia. Esto lo guardo para mi, puede, estoy casi seguro, que me excederé en mis palabras, y no quiero hacerlo, solo quiero agregar que las fotos de Galicia no necesitan palabras, es algo tan personal que unido a un amor desmedido por ella hace que no me atreva a escribir, pues seguro que no sería justo en mis palabras. Puede que algún día me decida.
Como pongo pocas fotos de Galicia, pongo un dibujo que hice cuando me imaginaba entrando el Obradoiro.
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