Reportaje

Leyenda de San Virila: la gran siesta del abad del Monasterio de Leyre

Según esta leyenda local, este abad del Monasterio de Leyre vivió durante siglos gracias a una siesta

Monasterio de San Salvador de Leyre - Wikimedia Commons/José Antonio Gil Martínez

Monasterio de San Salvador de Leyre - Wikimedia Commons/José Antonio Gil Martínez

Los lugares por los que pasa el Camino de Santiago están plagados de leyendas de todo tipo, muchas de ellas tienen su origen en antiguas tradiciones paganas, pero otras tantas involucran historias relacionadas con la fe cristiana.

¿Quién fue San Virila?

Virila era el abad del Monasterio de Leyre, uno de los más importantes del Reino de Navarra durante la Edad Media. Este abad vivió a finales del siglo IX y según la leyenda, una tarde decidió salir a dar un paseo por el majestuoso bosque que está junto al monasterio.

En un momento en el que se había parado a descansar junto a una fuente, mientras meditaba sobre la vida eterna, el abad escuchó el canto de un ruiseñor que le llamó la atención. Quedó tan asombrado con la belleza del canto de este pájaro que se terminó quedando dormido.

Tras despertarse de una larga siesta, Virila volvió al monasterio, pero cuando lo vió era muy diferente. El Monasterio de Leyre era mucho más grande que cuando se había marchado y contaba con zonas anexas que antes no estaban. Una vez dentro, tampoco reconoció a ninguno de los monjes que estaban allí, ni por supuesto, ellos a él.

La larga siesta de San Virila

Los monjes se pusieron a investigar quien era ese hombre que decía ser el abad del monasterio y después de una larga búsqueda en los archivos del monasterio, encontraron que Virila había sido el abad de Leyre 300 años atrás, hasta que un día desapareció en el bosque.

Monje - Envato Elements/NomadSoul

Monje - Envato Elements/NomadSoul

Debido al gran revuelo que causó esta noticia, todos los monjes se fueron a rezar a la capilla inmediatamente. Durante este oficio, se abrió la bóveda de la iglesia y se escuchó una voz divina que decía:

“Virila, has pasado trescientos años oyendo extasiado el canto de un ruiseñor y te ha parecido un breve instante. Imagina cómo será la aventura vivida en el Cielo contemplando la Gloria del Altísimo con todos tus sentidos, en modo que gozarás la dicha eterna sin lugar para la fatiga ni la hartura”.

Tras esto, un ruiseñor entró volando en la capilla, llevando el anillo abacial en el pico. Este lo colocó en el dedo de Virila y fue nombrado de nuevo abad del Monasterio de Leyre, cargo que ocupó hasta su muerte en el año 950.

La realidad tras la leyenda

Lo único que se sabe del abad Virila a ciencia cierta es que su firma aparece en un documento que data del año 928 y que el culto a su figura empezó en algún momento del siglo XII, pero siempre en un ámbito local. Actualmente sus reliquias se encuentran en el propio Monasterio de Leyre y cada 3 de octubre se celebra una fiesta dedicada a él.

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