Cea-Castro de Dozón

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Vista general del Monasterio de Oseira / Fotografía de Vítor Mejuto

Vista general del Monasterio de Oseira / Fotografía de Vítor Mejuto

En esta jornada el caminante deberá elegir si continúa camino desde Cea por el trazado oficial o por la variante que le conduce hasta el monasterio de Oseira, magnífico cenobio considerado como el Escorial gallego. Esta alternativa supone añadir más de 5 kilómetros al trazado, con empinadas subidas y continuos desniveles, aunque compensa por la belleza del recorrido inicial, que atraviesa una bella fraga, y por la posibilidad de poder visitar el soberbio conjunto, en donde aún vive una comunidad cisterciense.

Los caminantes podrán comer y descansar en el lugar, en un modesto albergue. Quienes continúan por la otra alternativa, desde Cea hasta Piñor, sufrirán en el arranque unos kilómetros desalentadores aunque tras pasar Carballeda se adentrarán por un tramo ascendente de bella factura, que discurre entre bosques y por monte pelado. En varias de las aldeas atravesadas hay servicios para caminantes.

La etapa hacia Oseira (19,5 kilómetros) 

La jornada arranca en Cea, localidad cercana a la N-525, donde desde hace ocho siglos se elabora uno de los mejores y más sabrosos panes de Galicia. Así, entre hornos artesanales y otros de nueva factura (el enclave aglutina 17) y con olor a pan recién horneado el peregrino da sus primeros pasos por la plaza Mayor para continuar por la rúa Calvo Sotelo e iniciar travesía en ascenso por la rúa Lodairo, donde se honra con un monumento a las “panadeiras” del lugar. Tras el breve repecho, y a partir de bellos mojones jacobeos, se deja a mano derecha un campo de fútbol y se llega al lugar donde se bifurcan las dos variantes de la etapa.

Quienes deseen continuar por el itinerario más directo, y oficial, que prosigue hacia Piñor, deberán avanzar hacia la izquierda mientras quienes opten por la variante del monasterio de Oseira, sendero que supone añadir cinco kilómetros a la travesía, con tramos de cierta dureza, pero que compensa por la belleza del antiguo cenobio, enfilarán hacia la derecha. Por asfalto llegarán acto seguido al Forno de Lodairo, de mediados del siglo XIX y el primero restaurado en la localidad.

El peregrino afronta a continuación, y durante casi cuatro kilómetros, un largo y bello sendero en tendido ascenso, un auténtico túnel vegetal con sucesivos robles. Se trata de uno de los mejores trayectos gallegos de este Camino de Santiago. El firme, que avanza siempre de frente por la Serra da Martiñá (cuenta con numerosas señales sobre piedras y árboles) alterna tramos de tierra compacta con otros muy irregulares y pedregosos que atestiguan que por el lugar pasaba el antiguo Camino Real. Es posible que, tras un periodo de fuertes lluvias, el caminante deba hacer frente a tramos embarrados.

Completado el agradecido sendero, el viajero gira a la izquierda y accede ya por asfalto a la pequeña aldea de Silvaboa, para dejarla a mano izquierda y afrontar un nuevo repecho, con el que gana 40 metros de altitud. La ausencia de señales no deberá inquietar al peregrino, sin pérdida ante la ausencia de cruces. Tras kilómetro y medio de recorrido, y ya en moderado descenso, alcanza el núcleo de Pieles, con fuente y lavadero. En un cruce de caminos, una señal le indica que gire hacia la derecha para continuar por la OU-0406. Adelanta entonces un pequeño regato y se aproxima a un nuevo cruce, que deberá seguir de frente. El caminante se sitúa en la conocida como Pena Veidosa, desde donde aún restan 2, 3 kilómetros para alcanzar Oseira.

Hacia el monasterio de Oseira

El recorrido por la carretera conducirá a los viajeros al lugar de A Ventela, donde podrán admirar a mano izquierda una bella ermita, con un retablo del siglo XVIII, y una pétrea imagen gótica de la Virgen. El caminante, sin embargo, prosigue camino y adelanta una majestuosa fuente que ya hace mención en su escudo a Oseira. Desde una curva que se enfila a continuación ya se adivina uno de los grandes tesoros pétreos de la Vía de la Prata, el monasterio calificado por muchos como “Escorial” gallego, y que a medida que se avanzan metros parece echarse encima del caminante.

Antes de adentrarse en el cenobio, se salva primero el río Oseira, se bordea el modesto albergue gestionado por los monjes cistercienses que aún viven en el lugar y se recorre una calle con fuente y bares enfrentados. En uno de ellos, Venezuela, los viajeros podrán desayunar con tostas de pan de cea o tomar varias raciones, pinchos o bocadillos. Una arcada ya conduce entonces al caminante hacia el principal activo turístico del municipio, el monasterio fundado en 1137 por la Orden de San Benito y que merece una visita reposada. El complejo, que amaneció al siglo XX prácticamente en ruinas, después de que un fuego lo asolase en el siglo XVI, sufrió en la última centuria una gran rehabilitación, impulsada principalmente por los monjes que retornaron al lugar en 1930, en unas obras de mejora que les valieron incluso destacados reconocimientos. El conjunto, con diversos periodos de luces y sombras, atesora variados estilos y caprichos arquitectónicos ideados por reyes y abades y ejecutados por algunos de los artistas más virtuosos de la época.

Tras sus muros se esconden auténticos tesoros, como una iglesia de estilo románico ojival, la fachada del siglo XVII, adornada con escudos e imágenes, o la Escalera de Honra, de estilo herreriano. Entre sus claustros sobresalen el de los Pináculos, de estilo renacentista o el de las procesiones o “dos Medallóns”, caracterizado por los cuarenta medallones situados en la parte alta. La relación del cenobio, que se incorpora a la Orden del Cister en 1545, con el Camino de Santiago se remonta a la Edad Media, un periodo donde era común en los monasterios el auxilio a los peregrinos.

Además de sanar el alma, los monjes de Oseira ayudaban a curar los exigidos pies de los caminantes, con diversos ungüentos o emplastes elaborados en la botica monástica, otra de las dependencias más destacadas del recinto. La entrada al recinto se realiza a través de una visita guiada. En los días laborables, los pases son a las 10.00, 11.00, 12.00, 15.30, 16.30, 17.30 y 18.30 horas (en otoño e invierno se cancela el último pase), y durante los domingos y festivos, a las 12.45, 15.30, 16.30, 17.30 y 18.30 horas. Frente a la entrada del monasterio se sitúa el Museo Liste, en la actualidad cerrado, pero que durante años acogió un pequeño aunque valioso museo etnográfico de propiedad privada con antiguos aperos e instrumentos de trabajo y de la vida cotidiana de la Galicia rural. El recinto ocupa un antiguo hospedaje para peregrinos.

Duro repecho

Realizada la visita, el peregrino deberá coger aire para afrontar el duro repecho que se presenta a continuación. Una abrupta cuesta de cemento, que se cogerá hacia la derecha y con la que se adelantará un lavadero, le permitirá, ya en lo alto, disfrutar de una de las mejores vistas del cenobio.

La pista continúa pero el caminante deberá estar atento a las flechas amarillas y desviarse hacia un sendero de firme muy pedregoso e irregular, con el que se inicia uno de los tramos más exigentes de la jornada. Siempre en ascenso, y en un avance al que no se ve fin, el itinerario alterna tramos de diversa anchura y de desigual terreno, con el que se ganan 170 metros de altitud, hasta los 820. La empinada subida desemboca en una carretera secundaria que conduce al peregrino en descenso, primero a través de asfalto y, tras un desvío a la izquierda (señalizado en el suelo), a partir de un sendero muy pedregoso e irregular, hasta Vilarello, un lugar sin servicios para caminantes que se bordea y se deja a mano derecha.

Quinientos metros a continuación, y también a partir de indicaciones amarillas situadas en el suelo y en postes telefónicos, se abandona de nuevo el asfalto. La vía se desvía hacia la derecha y se adentra por un corredor de escasa anchura, que obligará al caminante a avanzar encajonado entre silvas y tojos. La dificultad de este tramo se concentra en su estrechez y en el propio firme, con algunos metros que se precipitan en bajada sobre piedras y rocas. Tras dejar a mano derecha un arroyo, el trayecto continúa hacia la izquierda en leve ascenso (en un tramo de gran belleza) hasta alcanzar el siguiente enclave, Carballediña, una aldea a la que se accede a mano izquierda tras cubrir un breve intervalo por la carretera OU-0404.

El peregrino recorre rápidamente este enclave rural, perteneciente ya al ayuntamiento de Piñor, en el que se suceden hórreos, una fuente de agua potable y dos bancos en los que descansar. Entre nuevos hórreos y con una panorámica del entorno más amplia, el caminante se despide del núcleo, a partir de una amplia curva hacia la izquierda y salva por asfalto un pequeño regato. Una señal situada sobre un muro le desvía poco después hacia la derecha y le guía en subida hasta un nuevo cruce, que deberá tomar a la izquierda, en dirección A Corna / N-525. Otro ascenso les acerca a continuación a Outeiro de Coiras, último enclave de la provincia de Ourense. Junto a una casa, una nueva señal le insta a acometer un empinado giro a la derecha por el que se despide del lugar.

Recorre a continuación un sendero que irá progresivamente ganando metros (hasta 100) en una tendida subida que, sin embargo, puede pasar factura a unas piernas ya exigidas. Este itinerario alterna tramos favorables de tierra firme con diversos intervalos de suelo pedregoso o muy embarrado, que dificultará el tránsito. Además, la sucesión de subidas y bajadas obligará al peregrino a efectuar cambios de ritmo que alargarán la jornada.

Por la provincia de Pontevedra

Tras una última subida más moderada el peregrino desemboca en A Gouxa, primera localidad pontevedresa de esta variante del Camino, enmarcada en el ayuntamiento de Dozón. La vía milenaria pasa por delante de uno de los principales reclamos del lugar, sus antiguos pendellos, construcciones tradicionales donde se celebraban las ferias y se exponían a cubierto las mercancías. El caminante podrá descansar en el interior de alguno de estos alpendres. El itinerario se encamina entonces hacia la parte trasera de unas casas, donde se sitúa un bar.

A Gouxa

A Gouxa

Un estrecho pasillo les guía a continuación hasta una carretera, que se atraviesa, y hacia un nuevo sendero de tierra que avanza de frente. Se trata de uno de los trayectos más intransitables de la etapa al hallarse la senda muy embarrada y encharcada, un hándicap no necesariamente relacionado con un periodo de lluvias. Salvado el escollo, se toma un desvío hacia la izquierda más favorable que lleva al caminante, a través de sucesivas pistas, hasta Bidueiros, lugar con lavadero y fuente. A la salida del mismo un cruce puede llevar a confusión, al “esconderse” la señal en un muro. En cualquier caso, el peregrino no se perderá ya que ambos caminos conducen hasta la carretera nacional.

Si se sigue la flecha, el caminante continuará recto por una pista asfaltada que le conduce hasta San Martiño y desemboca, tras un breve recorrido por entre sus casas, en la N-525, la carretera que acompaña al viajero desde Ourense. Por ella “corona” el alto de San Martiño (818 metros de altitud) y desciende entre curvas hacia el inicio de Castro de Dozón, en un trayecto que se alargará más de un kilómetro.

La etapa hacia Piñor (14,8 kilómetros) 

Quienes deseen continuar hacia Piñor, o bien pueden iniciar camino por el recorrido que también lleva a Oseira (ascender por la rúa Lodairo y en el momento de la bifurcación de las dos variantes proseguir a la izquierda), o bien iniciar marcha por la calle Calvo Sotelo y continuar de frente. Poco después, se deja a mano izquierda la capilla neogótica de la Saleta, construida en 1908, y destino en septiembre de una importante romería religiosa y popular. Arranca entonces un tramo común con la carretera OU-0406, que adentra a los caminantes en el ayuntamiento de Piñor.

El itinerario por este municipio les permite enlazar de forma rápida, y por asfalto, varias pequeñas aldeas, sin demasiado patrimonio pero con algunos servicios para hacer un parada. El peregrino enfila hacia Porto do Souto y, a su salida, prosigue hacia Cotelas, en donde, a pesar de que el itinerario invite a hacer un rodeo junto a un río, se puede continuar en ascenso por carretera. En este lugar se sitúa uno de los establecimientos con más servicios para caminantes. Se trata de la vinoteca-café O Refugio, un lugar donde poder comer y descansar y en donde se ofrece un servicio de taxi para peregrinos. Aún en el pueblo, se deja a mano derecha el desvío que conduce hacia Oseira y se continúa de frente por la OU-0402.

La vía milenaria acorta el recorrido por esta carretera con dos atajos. El primero, les desvía en descenso a la derecha, hacia el lugar de A Mirela, desde donde parte una senda que abandona durante unos metros el asfalto. A continuación, y tras salvar un caudaloso río de mismo nombre por un puente medieval de un solo arco y adelantar una fuente de agua con garantías sanitarias, el itinerario coge rumbo hacia la izquierda por un tramo de tierra de firme muy desigual, que le llevará en ascenso –y, metros después, ya de nuevo por la carretera- hasta Piñor. Esta localidad, en donde un lavadero y una fuente pública, aún con simbología fascista, recibe a los caminantes, cuenta con diversos servicios de gran utilidad para caminantes como el inicial Bar Piñor, una carnicería, una farmacia o el centro de salud. En el enclave los caminantes no se deben confundir ante la errónea direccionalidad de las conchas jacobeas emplazadas en la acera, y que indican hacia el sentido contrario.

Capilla de la Peregrina de Arenteiro

El itinerario no reviste duda. Continúa de frente en un rápido deambular por Albarona, Fontelo y, tras proseguir hacia la izquierda, hasta Arenteiro. Esta aldea dispone del Bar Ojea, donde hacer un descanso, y, metros después, de uno de entornos más propicios para hacer un descanso. En él se ubica la bella capilla de la Peregrina, su pequeña iglesia barroca acoge dos imágenes de Santa María, una de ellas vestida de peregrina y otra a lomos de una mula con el Niño Jesús en brazos guiada por el apóstol Santiago.

La ermita es del siglo XVII aunque se reformó en 1974. En este lugar se encontraban los caminantes de la Vía de la Plata con los que antaño llegaban a Galicia por el Camino Portugués, desde la zona de Melgaço. En el lugar se celebra en septiembre otra destacada romería. El recorrido continúa por la misma carretera hasta llegar al inmediato lugar de A Ponte, en donde la vía cruza el río Arenteiro. Si el caminante se acerca al cauce podrá contemplar el viejo puente medieval de piedra conservado en el lugar.

Acto seguido, la senda abandona el asfalto tras girar a la derecha y picar hacia arriba por un estrecho sendero de tierra que sitúa al peregrino en las primeras casas del lugar de O Reino. El recorrido por este enclave sin servicios mantiene siempre la inclinación. Entremedias, se atravesará la OU-154. Al final del lugar el caminante desemboca en la N-525. La cruza y continúa por el arcén hasta que se desvía a mano izquierda hacia la capilla de la Milagrosa, de estilo neogótico. La vía deja el templo a mano izquierda y se desvía a la derecha por un sendero de tierra, bastante pedregoso, que, de nuevo, se mantiene en tendido ascenso hasta llegar a un paso elevado sobre la carretera que enlaza la N-525 y la autopista AG-53.

Capilla de la Peregrina

Capilla de la Peregrina

De nuevo por un camino en cuesta se cubren nuevos tramos hasta adelantar varias casas y seguir de frente. Se llega así a un nuevo cruce con la carretera nacional. El peregrino se sitúa en este punto en Carballeda y deja a mano derecha la iglesia de Santa María. El recorrido continúa por la carretera hasta que se desvía a mano izquierda por un sendero de tierra en descenso que conduce hasta un arroyo para, acto seguido, iniciar un prolongado ascenso por una vía pedregosa, aunque de bella factura. En lo alto se lleva a un sendero que progresa en paralelo a la autopista. Se toma a la derecha y se aborda una importante inclinación. Como es habitual en otros tramos del Camino de Santiago que avanzan en paralelo al asfalto, los peregrinos han ido colocando cruces sobre una verja.

Bella subida

Tras la subida, se salva por un puente la autopista y se continúa itinerario por la OU-0403. Quinientos metros después, se toma un desvío a la derecha que conduce, a partir de un firme de tierra –tras fuertes lluvias puede hallarse embarrado- a uno de los tramos más sobresalientes de la jornada, que se prolonga durante más de 2 kilómetros. En continua subida se superan los 800 metros de altitud. A continuación, se enlaza con una pista de tierra que aún pica hacia arriba aunque entre un paisaje más abierto.

El peregrino ya se sitúa en este punto en la provincia de Pontevedra. Eso sí, aún deberá continuar recorrido durante más de 2 kilómetros por una bonita travesía, entre parajes de vegetación baja, mientras allá en lo bajo ya empieza a adivinar Castro de Dozón. A la etapa tan solo le restará el descenso, mucho más brusco que la subida. En poca distancia se descienden más de 100 metros de altitud. Primero por senderos de tierra y, tras salvar de nuevo la autopista, por asfalto, se llega a la calle principal de la localidad, donde se sitúan los principales servicios.

En bici

Si se sigue por la variante de Oseira hay algún tramo que revestirá gran dificultad para los ciclistas. Se trata de la subida inmediatamente posterior a la visita al monasterio, muy empinada y de firme desigual y pedregoso, y la bajada posterior a Vilarello donde tendrá dificultades para hacer rodar la bicicleta por el estrecho pasillo.

Si se prosigue hacia Piñor tan solo puede encontrar alguna dificultad en la subida anterior a Piñor, a donde, de todas formas, también se puede llegar por carretera. En esta variante muchos kilómetros se hacen por asfalto por lo que para los ciclistas se traduce en una rápida travesía.

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