Pontevedra-Caldas

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Un peregrino, en el tramo entre Briallos y Caldas

Un peregrino, en el tramo entre Briallos y Caldas

Etapa cómoda

El peregrino atraviesa pequeñas aldeas del rural gallego en combinación con mágicos tramos de bosque autóctono. El mayor peligro, tanto para caminantes como para ciclistas, reside en los cruces que deberán afrontar con la compañera de viaje N-550 y con la vía del tren. La etapa Después de cruzar el Ponte do Burgo, ya al otro lado del Lérez, el peregrino se despide de Pontevedra. La salida, bien indicada, se completa por los barrios de esta ciudad tan jacobea. Siempre con rumbo norte. De inmediato, los edificos desaparecen para dar paso al rural gallego. Tras un buen tramo de carretera estrecha, sin escapatoria, y bastante transitada por turismos, el peregrino se aproxima a la vía del tren por un tramo en obras. Justo antes de pasar por debajo de la misma aparece uno de los puntos conflictivos de la jornada. En un poste hay dibujadas dos flechas, una hacia cada lado. Para acceder a Alba, el viajero ha de seguir hacia la derecha. La iglesia parroquial de Santa María, en Alba, en el siglo XII fue adquirida por Diego Gelmírez para su reconversión en diócesis. En el XVIII fue reformada, fecha en la que también se aprovechó para construir la magnífica casa rectoral. A las puertas, una enorme calabaza de granito acompañada de un bordón metálico. Destaca también un crucero.

Desde la iglesia el peregrino afronta un pequeño y peligroso tramo por carretera sin arcén hasta llegar al núcleo de Alba, en donde se encuentra la capilla de San Cayetano, bien arropado por la concha jacobea. El romero abandona pronto esta vía en un cruce bien indicado hacia Cerponzóns. A partir de este punto entra en escena uno de los parajes más bellos de la etapa. Un sensacional bosque en el que predominan especies autóctonas como el roble. El sencillo paso sobre el regato do Pozo Negro a través de una pasarela vuelve a aproximar a los peregrinos a las vías del tren. Es un paseo cómodo, sin pendientes, en el que conviene abrir los ojos y afinar los oídos para disfrutar de la plenitud de este espacio. Los caminantes deben volver a cruzar la vía del tren (mucha precaución) para dirigirse hasta San Amaro, ya en el ayuntamiento de Barro. En esta aldea podrán sellar su credencial en el Café Bar A Pousada do Peregrino, en el Mesón Don Pulpo o en la iglesia parroquial, a los pies del Camino. A la salida de este minúsculo núcleo hay un área de recreo con fuente, bancos y un cruceiro. En descenso hasta una carretera de mayor rango. Al otro lado de la misma se encuentra el albergue de Barro. Continuando por la pista de tierra y grava, y en ligera ascensión, siempre a través de las parras, se encuentra el Bar A Eira.

Tras otro pequeño tramo sobre asfalto el peregrino llega a la aldea de Ponte Balbón, que ofrece uno de los cruceiros más llamativos de los muchos que se encuentran a lo largo de esta etapa, ya que en su fuste hay una imagen de Santiago Peregrino marcando la dirección hacia la capital de Galicia. Este tramo es uno de los mejor indicados de todo el Camino. Al dejar a mano derecha una granja, el peregrino debe cruzar la carretera que va a Meis para seguir limando metros hasta Caldas hasta llegar de nuevo a la N-550, que recibe con un cartel que marca 40 kilómetros a Santiago. Un breve recorrido por el  amplio arcén izquierdo de esta carretera y el peregrino podrá volver a evadirse del tráfico, aunque no durante mucho tiempo. Un poco más adelante el Camino vuelve a alejarse de los coches para introducirse entre los maizales y las viñas de los vecinos de Briallos (concello de Portas).

Los peregrinos sin prisa, a muy poca distancia, al otro lado de la vía, podrán disfrutar del espectacular salto de agua del río Barosa, que busca el mar bajando escaleras. A sus orillas existe una pequeña ruta de senderismo plagada de molinos, uno de los cuales ha sido rehabilitado y funciona como establecimiento hostelero bajo el nombre de A Muiñada de Barosa. De regreso a Briallos, en esta aldea, muy próxima a Caldas, hay un pequeño supermercado . El albergue de peregrinos, bien indicado, se encuentra a medio kilómetro del Camino. Un nuevo breve paso por la carretera anuncia la proximidad de la capilla de Santa Lucía, ya del Concello de Caldas de Reis. Un cómodo paseo entre uvas, que combina tramos de tierra y asfalto, repleto de fuentes y cruceiros, y previo paso por la aldea de Tivo, lleva al romero hasta las puertas del núcleo de Caldas de Reis, al que accede por la N-550.

En bici

Etapa muy cómoda para los ciclistas, que unirán el recorrido entre Pontevedra y Caldas en un par de horas sin ningún tipo de problema. Precaución en los cruces con la N-550.

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