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¿Qué preparación física necesitas para el Camino de Santiago?

¿Cómo prepararte física y mentalmente para hacer el Camino de Santiago? Aquí tienes algunos consejos útiles.

¿Vas a hacer el Camino de Santiago? No olvides prepararte

Cada vez que vemos un peregrino con la mochila a cuestas es inevitable preguntarnos ¿qué le ha traído al Camino de Santiago? ¿Qué le ha empujado a echarse a caminar hasta la Catedral de Santiago? Todos tenemos motivaciones diferentes para calzarnos las botas; unos buscan aventura, vivir una experiencia con su pareja o amigos, otros salen de casa solos para superarse a sí mismos, a otros les mueve el fervor religioso y otros simplemente llegan con ganas de conocer otra cultura.

A todos los peregrinos nos llevan al Camino de Santiago motivos diferentes, pero una vez en la casilla de salida, ¿cómo aguantar en condiciones todos los kilómetros que nos esperan hasta Santiago? Aquí tienes algunos consejos básicos para llegar a tope al Camino de Santiago. 

1. Antes de preparar tu mochila, céntrate en el entrenamiento

Antes de partir de casa con la mochila a cuestas, asegúrate de haber preparado tu cuerpo y tu mente para el reto. La preparación física para el Camino de Santiago que necesitas es fundamental para no venirte abajo a mitad de Camino; para poder disfrutar en condiciones de esta aventura debes llevar a cabo un plan de entrenamiento con margen suficiente como para afrontar tu aventura con todas las garantías. El entrenamiento es lo que requiere más antelación a la hora de preparar el Camino de Santiago; más adelante ya tendrás tiempo de preocuparte por la credencial o el contenido de tu mochila. 

2. Es recomendable pasar un reconocimiento médico

Si sufres alguna patología o si tu edad es avanzada, pasar un chequeo médico antes de comenzar a entrenar es imprescindible. Si no es tu caso, pero no haces ejercicio habitualmente visitar a tu doctor y pasar un reconocimiento sigue siendo muy recomendable; piensa que vas a someter a tu cuerpo a un esfuerzo al que no está acostumbrado. Pasarás días (o semanas) caminando a diario, sometiendo a tu corazón, tus músculos y artículaciones a un esfuerzo notable, así que no tomes este punto a la ligera. 

3. Planifica tu entrenamiento con un calendario

Debes comenzar tu entrenamiento varios meses antes (al menos 2) al momento de comenzar el Camino de Santiago. Durante este tiempo de preparación debes acostumbrar a tu cuerpo a un plan continuo de entrenamiento. Debes salir a caminar de forma periódica, siendo constante; de nada sirve pegarse una buena paliza la última semana antes de partir del Camino y para eso te recomendamos que con un calendario en la mano planifiques tus caminatas. En él puedes tachar día a día tus entrenamientos completados, de forma que puedas llevar un seguimiento sencillo y visual de tu progresión.

4. Entrena de menos a más hasta que llegue el momento de partir

Antes de nada debes tener en cuenta que la duración media de las etapas del Camino de Santiago está entre los 23 y los 25 km. Tu objetivo será caminar esa distancia, pero al final de tu periodo de entrenamiento, cuya dificultad debe ir aumentando según avancen las semanas. En la preparación que recomendamos también entra en juego otro factor, la distancia que vayas a recorrer en el Camino de Santiago, 

Durante las primeras semanas acostúmbrate a salir al menos 3 días/semana caminando cada vez mayores distancias (con un cualquier smartphone con GPS y una app de fitness puedes controlar esto fácilmente) y por diferentes tipos de superficies. En torno a la mitad de tu tiempo de preparación, deberías estar saliendo como mínimo 4 días/semana caminando por diferentes tipos de pendientes. En tus últimas semanas de entrenamiento, cada vez más cerca del momento de partida, es muy recomendable caminar con una mochila cargada con el 10% de tu peso corporal.

Durante estas semanas y sobre todo cuando recorras el Camino de Santiago, no te olvides de los estiramientos (evitarás lesiones y contracturas). Debes practicar sesiones de estiramientos antes y sobre todo después de caminar, concentrándote especialmente en espalda, cuello y grupos de músculos específicos como cuadriceps, gemelos o isquiotibiales. Después de caminar también es recomendable masajearnos los pies durante algunos minutos para descargarlos.

5. Vigila la alimentación e hidratación antes de partir

La ingesta de alimentos y líquidos en el Camino es vital para evitar desfallecimientos, deshidrataciones e incluso calambres mientras caminamos. Sin embargo también lo es en tu preparación, durante esas semanas en las que comenzarás a acondicionar tu cuerpo para lo que le espera más adelante. Beber 2 litros de agua al día ya de por sí es saludable, pero hacerlo durante estas semanas de entrenamiento es imprescindible para llevar siempre una hidratación óptima; no queremos que una inoportuna lesión nos deje en casa ¿no? También debes cuidar lo que ingieres, llevando una alimentación similar a la que debes llevar mientras haces el Camino: evita comidas pesadas y opta por una dieta rica en hidratos y legumbres. 

6. Acostúmbrate al calzado que usarás en el Camino de Santiago

El calzado para el Camino de Santiago que lleves contigo es fundamental en tu peregrinación, ya hemos hablado de eso largo y tendido en ViveCamino. Sin embargo de nada sirve llevar el calzado adecuado si cometemos el error de estrenarlo el día que comencemos el Camino de Santiago, ya que las rozaduras y las ampollas están aseguradas. Al Camino hay que llevar calzado relativamente usado, así que si tienes pensado comprarte unas botas nuevas, es imprescindible que las vayas usando desde el comienzo de tu entrenamiento; así irán cogiendo la forma de tu pie y no estarán tan duras.  

7. Una vez en el Camino, sigue tu propio ritmo y sé honesto contigo 

Ya has completado tu entrenamiento, te has calzado las botas y la mochila y has comenzado a caminar. Ahora queda lo mejor de la experiencia, pero por mucho que hayas entrenado, debes recordar que el Camino de Santiago no es una carrera, es un reto personal contra nosotros mismos. Cada peregrino cuenta con una forma distinta deribada de su edad, su peso o su tono físico (que hemos entrenado las semanas previas); estos factores son los que deben marcar el ritmo al que debemos caminar.

Hay que tener en cuenta la dificultad de cada etapa y estar atentos a las señales de cansancio que pueda emitir el cuerpo. Si caminamos en grupo o en parejas, debemos seguir siempre el ritmo del más lento y en ningún caso llevarnos al límite. Deja de lado los sobreesfuerzos y protégete de las lesiones.

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