Padrón-Santiago

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Fotografía de Xoán A. Soler

Fotografía de Xoán A. Soler

La última jornada. La llegada a la meta.

Padrón y Santiago están separados por cerca de 25 kilómetros de Camino. La jornada, de nuevo articulada en torno a la N-550, es un continuo ascenso hasta O Milladoiro, desde cuyo monte se apreciaban antaño por primera vez las torres de la Catedral. La ruta atraviesa multitud de pequeñas aldeas integradas en los ayuntamientos de Padrón,  Rois, Teo, Ames y Santiago. La entrada a la zona vieja se realiza por la Porta Faxeira y el Franco, su tradicional calle de tapas. La etapa El peregrino abandona Padrón por la calle de Dolores, pasando muy cerca de la estación de autobuses, hasta desembocar en la N-550. Al otro lado de esta carretera se encuentra Iria Flavia, un antiguo núcleo colonizado en el siglo I por los romanos y que se consolida como parada obligada para los caminantes. En este lugar se iza majestuosa Santa María la Mayor, una de las iglesias más antiguas de Galicia, considerada por algunos estudiosos como uno de los primeros templos marianos del mundo. Iria Flavia fue sede episcopal desde el siglo V hasta el año 1095. No perdería el privilegio en favor de Santiago hasta después del descubrimiento de los restos del Apóstol. Fue Teodomiro, obispo de Iria, quien dio a conocer en un año indeterminado (se cree que en el 813) el hallazgo del cuerpo del Apóstol. El templo no sobrevivió a las razzias musulmanas dirigidas por Almanzor en el año 997 aunque, posteriormente, en el siglo XII, el arzobispo Gelmírez ordena su reconstrucción, otorgándole rango de Colegiata (lo conservó hasta el año 1895 cuando se convierte en Parroquia Mayor dedicada a Santa María).

El templo se encuentra rodeado por un cementerio en el que descansan los restos de 28 obispos. El propio Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura en 1998, escogió antes de su muerte el lugar de su nicho: a la sombra de un olivo en el cementerio de Adina, no muy lejos de la fundación que lleva su nombre. En este recinto también estuvo enterrada la escritora Rosalía de Castro, aunque en la actualidad, la autora de Cantares Gallegos -quien también cantó a este lugar en sus poesías-, reposa en la capital gallega, en el Panteón de Gallegos Ilustres. Justo enfrente, en una antigua residencia de canónigos del siglo XVIII, se sitúa la Fundación Camilo José Cela, el edificio que alberga la obra, manuscritos, colecciones privadas y recuerdos de la vida personal y literaria del Premio Nobel. En el conjunto también se halla la sede del Museo Ferrocarrilero John Trulock, bisabuelo del escritor y constructor de la primera línea gallega del ferrocarril, con la que se enlazaba en 1873 Cornes (ayuntamiento integrado en la actualidad en Santiago) con Carril (Vilagarcía). Los visitantes podrán recordar en él la historia del ferrocarril gallego.

Tras bordear el campo santo, el romero recorre las calles de Iria, por donde no pasa el tiempo, hasta regresar a la altura de  la N-550, aunque esta vez sin llegar a cruzarla. Sin embargo, sí tendrá que atravesar las vías del tren, de nuevo en un paso sin barreras. Desde la aldea  de Pazos, de nuevo hasta la nacional. En este punto, para pasar al otro lado el peregrino se apoya en un paso de peatones con semáforo. Pulse el botón y espere al verde. Desde el margen izquierdo de la vía se accede a la complicada rotonda del Hotel Scala, con menú del peregrino y máquinas de vending en la puerta. En el edificio aledaño, el asador Pazo sirve carnes de primera  calidad. Siguiendo el Camino se encuentra la parrillada Fogar de Breogán. Al fin una flecha amarilla aparta a los caminantes de la carretera. Desde este punto el peregrino disfruta de uno de los trayectos más agradables de la jornada, a través de estrechas calles de minúsculas aldeas integradas en el campo. Rúa, Rueiro, Cambelas, Anteportas y Vilar, desde la que se regresa a la vía del tren como antesala de la carretera. El peregrino no solo debe cruzar  la carretera, si no que acompañará a los coches por el arcén en esta vía tan transitada. Extremar precauciones. A menos de medio kilómetro se encuentra el núcleo de A Escravitude, con bares,  alojamiento y una pequeña tienda. Cuenta  la leyenda que en el siglo XVIII un pontevedrés enfermo de hidropesía, en su peregrinaje a Santiago, bebió el agua de la fuente. A las 72 horas se curó de sus males:  «Gracias, Virxe, que me libraches da escravitude do meu mal» (Gracias,  Virgen,  que me has librado  de la esclavitud de mi mal).

En señal de agradecimiento este labrador donó su carro de bueyes para que se crease un lugar de culto. Este sería el origen del santuario y del propio nombre del enclave. Al pasar el santuario nace un desvío hacia Cruces, en donde el peregrino se encuentra con la iglesia parroquial, de origen románico, también rodeada de un cementerio. Siguiendo los mojones y las flechas amarillas, el romero vuelve a darse de bruces con la vía del tren, que tendrá que cruzarla de nuevo en otro paso a nivel sin barreras. En el verano del 2013 esta zona se encontraba en obras. Al otro lado de la misma se encuentra la aldea de Angueira de Suso. Bajo las uvas de las parras de Areal el peregrino engancha con la N-550, en esta ocasión a la altura de A Picaraña, coincidiendo con la Pensión-restaurante Alfonso-A Milagrosa. El peregrino tendrá que atravesar el modesto parque empresarial de A Picaraña por plena N-550, por el margen izquierdo de la vía, en donde se encontrará con la pensión-bar-restaurante Glorioso y con el bar-restaurante México. Pasando el área de servicio, y en ascenso, deberá tomar el desvío a la izquierda hacia Faramello (pequeño paso por el ayuntamiento de Rois) hasta llegar a Teo, cuyo albergue se encuentra bien indicado, a 200 metros del Camino.

La ruta sigue por un desvío a la izquierda, que conduce hasta la Rúa de Francos. En este punto existe un desvío hasta el Castro Lupario (a 2 kilómetros del Camino). Se cree que este enclave, apenas sin excavar y  mal conservado, fue el lugar de residencia de la Reina Lupa, protagonista principal en la leyenda de la Traslatio de los restos del Apóstol. En la rúa de Francos, además de la ermita de San Martiño, arropada por un espléndido carballo, se encuentra uno de los cruceiros más antiguos de los conservados en Galicia. La casa de Turismo Rural Parada de Francos cuenta con un restaurante que ofrece menú del día a 12 euros. En descenso, por una estrecha pista asfaltada, el peregrino se aproxima de nuevo a las vías del tren, aunque en esta ocasión cruza sin problemas por un paso elevado.

Ya en Osebe el caminante debe tomar el Camino del Río Tinto hasta la aldea de Pedreira. Los adoquines introducen a los romeros por un tramo de bosque salpicado de viviendas. La presencia de un aserradero y el ruido de los motores de los coches harán saber a los peregrinos que se aproximan a uno de los mayores atentados perpetrados en el Camino Portugués: un enlace de la autovía borró del mapa la ruta jacobea. Además de un buen rodeo, los viajeros ponen su integridad física en juego para llegar hasta el otro lado. Todas las precauciones son pocas. Salvado este escollo, por pistas locales bien asfaltadas y casi sin tráfico, el romero llega hasta la zona de A Grela (ayuntamiento de Ames), y tras un suave pero continuo ascenso por una carretera más transitada, deben tomar un cruce a la izquierda para llegar a Milladoiro, ciudad dormitorio de Santiago, a la que se han trasladado muchos jóvenes y familias de la capital gallega.Milladoiro saltó a los medios de comunicación por ser en un garaje de este núcleo donde se escondió durante un año el Códice Calixtino, la obra medieval considerada como la primera guía del Camino de Santiago.

El manuscrito fue sustraído del templo por un antiguo trabajador. Una vez bordeado el polígono comercial, donde se encontrarán con la cafetería del centro cultural, el peregrino vuelve a introducirse por última vez en el bosque antes de su llegada a Santiago. En ascenso, poco exigente, los romeros coronarán pronto el Agro dos Mosteiros, primer punto en el Camino Portugués desde el que se divisa Santiago y las torres de su ansiada Catedral. Siguiendo siempre las flechas y los mojones, el peregrino atraviesa varias sendas en las que podrá comprobar cómo algunos tramos de bosque han sido calcinados por el fuego.

Cruzando un estrecho pasillo entre dos viviendas, y tras un pequeño rodeo para evitar las vías del tren, el peregrino entra en el concello de Santiago por la zona de A Rocha. Tras salvar el río Sar por un pequeño puente y una complicada rotonda, afronta un gran ascenso que transcurre por delante del Hospital central de Galicia. Las flechas señalan al peregrino el camino hasta el barrio de A Choupana, que muere en la calle Rosalía de Castro. Ya en pleno ensanche compostelano, continuando de frente, el viajero llega hasta la Alameda para entrar en el casco viejo por la Porta Faxeira, uno de los puntos más emblemáticos de Santiago. El peregrino, inmerso en una burbuja, cruza la rúa do Franco hasta la llegada a la mágica Catedral.

En bici

A pesar de que existen un par de escollos, el principal obstáculo para los bicigrinos antes de su llegada a Santiago vuelve a ser la N-550, con la que tendrán que convivir en algunos tramos.

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