Puente la Reina-Estella

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Los peregrinos deberán salvar el río Arga en Puente la Reina

Los peregrinos deberán salvar el río Arga en Puente la Reina

En esta sencilla etapa, en la que los peregrinos tan solo deberán afrontar una dura pero corta subida, ya se adivinan los viñedos que protagonizarán las siguientes jornadas. Así, entre olivos, y a pesar de la autovía que alteró parte del trazado, cruzarán sin prisa pero sin pausa bellos enclaves de claro sabor jacobeo, como Cirauqui, donde los romeros podrán, además, revivir la historia sobre una antigua calzada romana. Sucesivos puentes medievales, a los que el Códice Calixtino tamizó de oscuras leyendas, protagonizan una agradable caminata en la que los viajeros no hallarán problema para poder avituallarse.

La etapa Puente la Reina - Estella (21,7 kilómetros)

No hay mejor forma de decir adiós a Puente la Reina (685 kilómetros a Santiago), punto de inicio de esta etapa, que a través del impresionante puente medieval que le da nombre, uno de los iconos más fotografiados del Camino de Santiago. Los peregrinos cruzan por él el río Arga y, tras girar a la izquierda, y salvar la carretera por un paso de cebra, se despiden de la bella localidad por el barrio de las monjas de Zubiurrutia. El itinerario adelanta una pequeña área de descanso, y tras acercarse al río por un terrero llano y sin complicaciones, deja atrás la depuradora de Puente la Reina. Llega entonces una dura subida, si cabe, el tramo más complicado de la jornada, por la que se llega al entorno de la A-12, denominada para sonrojo de muchos expertos en la ruta milenaria autovía del Camino. Pero en esta ocasión el asfalto se evita gracias a una empinada pista de tierra, en cuyo alto ya se divisa Mañeru (17,9 kilómetros a Estellla), la primera parada de la etapa.

Los romeros llegan a este núcleo de tradición vinícola y afamadas tabernas después de sobrepasar un crucero del siglo XVI situado a su entrada. El recorrido urbano continúa por la calle de la Esperanza y la plaza de los Fueros para abandonar el enclave de origen medieval, en donde los viajeros hallarán tanto servicios hosteleros (albergue privado y casa rural) como médicos, por la calle Forzosa, denominada así porque se encamina hacia el cementerio. Desde el camposanto, y ya por pista -y en algunos intervalos por sendas-, el itinerario afronta un bello tramo de casi tres kilómetros que discurre entre parcelas de cereal, viñas y olivos y desde el que ya no se pierda de vista Cirauqui, próximo destino, enclavado en una colina. De todas formas, antes de llegar al núcleo los caminantes podrán hacer un alto y reponer fuerzas en un área recreativa.

Detenerse en Cirauqui

Y es que la localidad de Cirauqui (15,4 kilómetros a Estella), que en la Edad Media y ante el florecimiento de las peregrinaciones contó ya con un hospedaje para peregrinos, no da tregua a los caminantes más exigidos.

Una sucesión de calles empinadas conforman este bello pueblo -uno de los de mayor encanto del trazado jacobeo en Navarra-, que cuenta con todos los servicios para los romeros, como bares, panaderías, ultramarinos, farmacia, cajero o un consultorio médico. En una primera subida, los romeros atravesarán una puerta de la antigua muralla por la que accederán a sus calles y plazas más genuinas. Desde ellas, y tras subir por unas escaleras a mano derecha que se desvían del itinerario jacobeo, alcanzarán la iglesia de San Román, hermoso templo románico con reminiscencias árabes del siglo XII, cuya portada guarda relación con la de Santiago de Puente la Reina y con la de San Pedro de la Rúa de Estella, probablemente por ser del mismo autor. En el entorno del templo se halla, además, el albergue privado Maralotx, con capacidad para 28 personas. Tras descender de nuevo los escalones, los caminantes deberán seguir las flechas amarillas que les conducen, a través de un arco, al interior del ayuntamiento barroco (donde pueden sellar la credencial) para continuar, ya en descenso, y por calles de diferente anchura, hacia la salida del lugar, donde les esperan dos agradables sorpresas. El Camino de Santiago utiliza en algunos tramos de esta etapa una antigua calzada romana cuyos restos principales aún son visibles en este lugar. De esta forma, y mientras se pisotea (en el buen sentido) la historia, los caminantes se acercarán, entre filas de cipreses, hasta un puente de la misma época, transformado en el siglo XVIII.

La leyenda del río

Salado La autovía sale entonces al encuentro de los peregrinos, que la salvarán por un seguro paso superior. Acto seguido, y en un tobogán que se desliza primero por pista y después por una senda que en algunos tramos aún conserva el empedrado romano, llegarán al puente medieval de un solo arco de Dorrondoa, rehabilitado. Tras atravesar otro puente de madera el itinerario sortea la autovía y desemboca en una carretera local que conduce a Alloz. El recorrido sigue paralelo al asfalto por su margen izquierda y atraviesa el viaducto del canal de Alloz, gran obra de ingeniería construida entre 1939 y 1940 para conducir el agua desde este embalse hasta la central de Mañeru. Poco después, la ruta jacobea ya orilla al río Salado, protagonista de uno de los párrafos más ácidos del Códice Calixtino. Según la leyenda, los navarros instaban a los romeros a que hicieran beber a sus caballos de esta agua, la cual, por sus características saladas, les hacía morir.

El libro medieval lo describía así: "Por el lugar llamado Lorca, por la zona oriental, discurre el río llamado Salado: ¡cuidado con beber en él, ni tú ni tu caballo, pues es un río mortífero! Camino de Santiago, sentados a su orilla, encontramos a dos navarros afilando los cuchillos con los que solían desollar las caballerías de los peregrinos que bebían de aquel agua y morían. Les preguntamos y nos respondieron mintiendo, que aquella agua era potable, por lo que dimos de beber a nuestros caballos, de los que al punto murieron dos, que los navarros desollaron allí mismo" (Capítulo VI del libro V del Códice Calixtino).

Por el puente, hasta Lorca

Tras atravesar el puente, conocido como el del Camino Real, el trazado continúa primero por una senda y, posteriormente, por un paso subterráneo que salva de nuevo la autovía. Se avanza otros metros por asfalto para regresar a continuación a un agradable sendero que se toma a la izquierda y que conduce a los caminantes hasta Lorca (9,3 kilómetros a Estella). Esta localidad, de escasos 100 habitantes, y en donde se conservan dos albergues privados, se haya íntimamente ligada a la ruta jacobea. De hecho, ya en el siglo XIII albergaba un hospital de peregrinos. Su templo de San Salvador (siglo XII), de románico rural tardío, conserva además una figura barroca del Santiago peregrino. La ruta atraviesa el enclave de punta a punta a través de la calle Mayor y enlaza, a continuación, con una carretera local, desde donde se divisa el Montejurra, escenario durante la transición española de uno de sus episodios negros. Fue en esta cima donde dos seguidores del partido carlista (movimiento político tradicionalista y legitimista surgido en España en el siglo XIX y que pretende el establecimiento en el trono de una rama alternativa de la dinastía de los Borbones) fueron asesinados en 1976 a manos de pistoleros ultraderechistas.

A ratos por pistas, y otros por sendas, el camino discurre por una zona de cultivos salpicada de cerros y, tras cruzar nuevamente la autovía por un paso subterráneo, llega a Villatuerta, antesala de Estella (a 4,6 kilómetros). Esta localidad, en constante crecimiento debido, en parte, a su cercanía a la autovía, recibe al peregrino con un itinerario urbano que le rinde honores. Primero por la calle Camino de Santiago y después por la Plaza del Peregrino, se llega al entorno de la calle San Ginés, que conduce a los romeros al puente románico-medieval que divide el pueblo. Tras sobrepasarlo y alcanzar la calle Nueva se llega a la iglesia gótica de la Asunción y a la plaza contigua, que acoge la estatua de san Veremundo, abad de Irache y patrón del Camino de Santiago en Navarra, y de quien Villatuerta presume ser su cuna. El recorrido abandona el enclave por el Camino de Estella para continuar trazado por un sendero llano y en curva que se acerca hasta la ermita de San Miguel (siglo X), único resto de un antiguo monasterio medieval y una de las primeras iglesias prerrománicas del Pirineo occidental.

En el templo, siempre abierto a los caminantes, muchos romeros dejan escritos en su interior deseos y pensamientos, un sinfín de peticiones que se guardan durante meses. En Estella Tras descender de nuevo hacia la ruta oficial (para llegar a la ermita hay que desviarse unos metros del Camino) se llega a un merendero al pie de la NA-132, carretera en la que falleció en el 2002 la peregrina canadiense Mary Catherine Kimpton. Un monumento de piedra con el lema «Pueda ella caminar siempre sobre los campos de oro» recuerda este trágico accidente, que forzó a las autoridades a evitar que el trazado cruzase la carretera. En la actualidad, un paso subterráneo lo evita. La etapa entra en su recta final y ya enfila hacia Estella. A los peregrinos tan solo les restará cubrir una senda, cruzar el río Ega por un puente peatonal y seguir su curso hasta esa histórica localidad.

Puente la Reina - Estella en bicicleta

Los bicigrinos no hallarán problema en cubrir esta sencilla etapa por el trazado original. Tan solo se aconseja echar pie a tierra en los tramos de calzadas romanas. Antes de llegar a Cirauqui encontrarán algún itinerario conflictivo por lo arcilloso del terreno, al acumularse mucho barro tras fuertes lluvias. En este enclave, y debido a sus empinadas cuestas, hay una variante -también señalizada- que les permitirá evitar subir hasta lo alto de la colina. Tras afrontar un primer ascenso, y mientras los caminantes se dirigirán hacia el único arco que aún se conserva de las murallas, los ciclistas podrán girar a la izquierda y bordear el pueblo. En el descenso ya enlazarán con el otro itinerario.

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