Ribadeo - Lourenzá

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El Ponte dos Santos une Galicia y Asturias

El Ponte dos Santos une Galicia y Asturias

El Camino del Norte, o Camino de la Costa, pisa tierras gallegas al cruzar el Ponte dos Santos, en Ribadeo. Confluencia de los romeros que han iniciado la peregrinación en cualquier otra localidad del Cantábrico con los que arrancan allí el paso, la villa no se lo pone fácil por la deficiente señalización, extremo que se subsana al cruzar el casco urbano.

Lo más común en la primera etapa en Galicia, en la provincia de Lugo, es prolongar el itinerario hasta Lourenzá, núcleo de origen medieval y de relevante patrimonio histórico. Supone un trecho de 29 kilómetros, con cuatro albergues en el recorrido, si bien con un tramo intermedio de unos 16 kilómetros sin servicio alguno, ni siquiera bares.

La dificultad del trazado es asequible, aunque sí habrá que ir precavidos de dos subidas especialmente duras: una en A Ponte-Arante y otra al final de la etapa, en el límite entre Barreiros y Lourenzá.

¡Atención peregrino!: Al entrar en Galicia la parte abierta de la señal indica la dirección correcta.

La etapa (29 kilómetros)

La histórica villa de Ribadeo es la puerta de entrada del Camino del Norte en Galicia. Originalmente, los peregrinos embarcaban en la vecina localidad del entonces Reino de Asturias, Castropol, para cruzar la ría de Ribadeo. Esa tradición –u obligación- cayó en desuso con la construcción de las modernas infraestructuras que vertebran ambas Autonomías. En la actualidad, el imponente Ponte dos Santos elimina las fronteras naturales tendiendo un paso de algo más de 600 metros sobre la ría ribadense, custodiado por las capillas de San Román, en el margen asturiano, y la de San Miguel, en Ribadeo, de ahí el nombre sacro del puente. Por él cruzan ahora la mayor parte de los romeros, a los que puede meter en más de un aprieto el cambio de orientación de las señales del Camino, ya que en Asturias la parte más cerrada de la señal jacobea –considerada allí una estrella- apunta la dirección a seguir, mientras que lo habitual es tomar la marca como una vieira, esto es, el haz representativo de la concha es la que guía los pasos del viajero.

Cruza pues el puente con el Cantábrico a su derecha y el núcleo ribadense a la izquierda. Unos veinte metros más adelante, al rebasar el puente, habrá que poner especial atención y desviarse a la derecha por una pequeña rampa y realizar a continuación un giro de 180 grados a la derecha (flecha en la calzada), enfilando la marcha de nuevo hacia el Ponte dos Santos, esta vez pasando bajo los pilares del margen gallego. En la columna de hormigón hay dos direcciones a tomar: a la izquierda conduce al albergue de peregrinos y a la hermosa zona de O Cargadeiro; y a la derecha hacia el centro de la villa, en dirección a Lourenzá. Siguiendo esta última, itinerario de la etapa, alcanza inmediatamente la capilla de San Miguel, un pequeño templo a cuyos pies se encuentra el puerto deportivo. Es la Estrada do Faro, que entronca con la avenida Leopoldo Calvo Sotelo, en dirección hacia el núcleo urbano, donde la señalización es precaria. En caso de dificultad, una buena opción es dirigirse a la oficina de Turismo para valerse de un callejero y recibir la información precisa sobre la ruta. No obstante, se detallan a continuación las calles por las que discurre hasta la salida de la localidad, ya balizada con mojones, placas y las habituales flechas amarillas. Así pues, al final de la avenida Leopoldo Calvo Sotelo gira a la izquierda por la calle Rodríguez Murias y, de frente, por la calle V. Bierzo, desde donde se divisa el Cantón y la emblemática Torre dos Moreno. Gira antes de pisar la alameda a la derecha por la calle San Francisco, cruza la avenida de Asturias y gira de nuevo a la derecha por la calle Diputación, junto al centro de salud. Continúa recto por la calle San Lázaro –existió una malatería datada del siglo XIV- y llega al campo de fútbol, donde habrá que tomar a la izquierda (27 kilómetros a Lourenzá). A partir de allí, las señales son totalmente visibles y no habrá dificultad para orientarse.

Es el momento de despedirse del mar, no sin antes haber hecho un alto en el Camino para visitar y conocer Ribadeo y su patrimonio. La demora en el itinerario merece la pena.

Primer repecho de la ruta

Se aleja la senda de la ciudad por carreteras locales y pasa bajo la vía del tren en dirección a Ove. La iglesia de esa parroquia (unos metros a la izquierda en la ruta) luce en su fachada la Cruz de Malta, identificativa de los caballeros de esa orden. También puede verse en el retablo mayor y el pendón parroquial. Y es que la Orden de Malta, militar y hospitalaria, daba cobertura, estratégicamente posicionada en los caminos de Galicia, a todos los peregrinos que se dirigían a Compostela.

Al pasar el templo surge el primer repecho de la etapa. Deja el peregrino durante el ascenso el cementerio parroquial a su derecha y alcanza allí una buena panorámica de la ría y los municipios limítrofes, más espléndida aun tomado un desvío a la derecha superado el camposanto, que conduce hacia el mirador de Santa Cruz.

De nuevo en la senda, antes de finalizar la subida, verá el caminante a la izquierda una flecha amarilla, vacilante, pintada en una torreta del tendido de alta tensión junto a un desvío por un paso de tierra. La dirección correcta es seguir de frente, por la carretera asfaltada que transita desde Ove.

El vial llega a un cruce que se toma a la izquierda. En esa intersección, semioculta entre árboles, se ubica la Fonte do Valín, un manantial al que acuden numerosos vecinos por la calidad del agua y una buena zona para el refresco del peregrino.

La siguiente referencia es un pequeño tramo de tierra, hasta el lugar de Río de Ramos y la entrada en la parroquia ribadense de Cubelas, por la carretera comarcal LU-P-5207. Allí comienza un pequeño ascenso, en cuyo ecuador se gira a la izquierda, cruzando la calzada, para adentrarse en un tramo de tierra que se incorpora, más adelante, al mismo vial junto a un núcleo de casas. A continuación, una leve pendiente favorable dirige la ruta hacia la aldea de Vilela. Antes del desvío (derecha) topa el romero a su izquierda con la pequeña capilla del Carmen, una sencilla construcción popular rodeada por un muro bajo. En la bifurcación están indicados los establecimientos hosteleros Casa Doñano y A Pena Vilela, a escasos metros. La primera es un hotel y casa rural con tarifas muy alejadas de los hospedajes jacobeos; la segunda, al pie del Camino, es un mesón de comidas típicas, con  un precio de unos 9 euros el menú. Además, los responsables del local gestionan el albergue municipal, contiguo al mesón y antigua escuela de Vilela. Esa será la última venta que hallará el romero en los próximos 16 kilómetros, hasta casi alcanzar Lourenzá.

Sigue luego en subida hacia el lugar de Celeiros, probablemente uno de los puntos más fotografiados por los viajeros urbanitas, pasmados ante la proximidad del vacuno en los prados linderos. El siguiente lugar es Vilar, donde se toma a la derecha por un camino de tierra, flanqueado por la LU-133 y monte, sobre un trecho de algo más de un kilómetro que puede estar muy embarrado con lluvia debido a las escorrentías. A unos 15 metros a la izquierda del itinerario se encuentra allí la iglesia parroquial de San Vicente de Cubelas, datada de 1774. Alberga en su interior media docena de retablos y un reloj de sol en la fachada (1795).

Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes

La pista forestal baja hasta A Ponte-Arante (17 kilómetros a Lourenzá), un lugar donde se fraguó y escribió la historia de la comarca. Por ello, parada obligada en el Camino: el romero cruza el puente sobre el río Grande y alcanza el santuario de Nuestra Señora de las Virtudes, cuyo origen se remonta a la primera mitad del siglo XV. El calado histórico y cultural de la ermita viene dado por sus valiosos frescos y murales descubiertos hace apenas 40 años, así como por haber sido epicentro de las rebeliones vecinales contra la invasión de las tropas napoleónicas en 1809, acaudilladas por François Fournier. Así lo recoge una placa conmemorativa en los muros de la iglesia gótica, en cuyas inmediaciones se fundó un hospital de peregrinos a mediados del siglo XVI (en la casa de enfrente disponen de las llaves del templo para aquellos que deseen visitarlo).

Desde A Ponte se inicia el primer ascenso duro de la jornada. Con un giro a la derecha y acto seguido a la izquierda, se toma por un camino empedrado, muy embarrado con lluvia, que pone a prueba las piernas. A base de empuje se alcanza una pista de asfalto junto a un área de descanso que dispone de fuente, si bien no es aconsejable el consumo de su agua.

Entrada en el ayuntamiento de Barreiros

Remontada la cota, de nuevo por caminos forestales, entra en el concello de Barreiros (13 kilómetros a Lourenzá). Desde lo alto se divisan ya los terrenos de pastos y ganado, en el valle que forma el río Porto Bragán.

El primer término que atraviesa el itinerario en ese municipio es la parroquia de Vilamartín Pequeno. En el margen de la calzada hay una fuente de agua potable para el uso de los peregrinos, antes de llegar a la iglesia de San Xoán Degolado.

Tras unos cientos de metros en descenso, el trajinero cruza el río e inicia una cuesta empinada, no muy extensa, que conduce a Vilamartín Grande -perteneciente a la parroquia de San Xulián de Cabarcos- pasando junto a la capilla del Carmen, del siglo XVII. También hay fuente de agua potable y los vecinos suelen facilitar allí el avituallamiento del viajero, sabedores del trecho pateado sin establecimientos hosteleros.

Siguiendo el Camino, cruza la carretera de Barreiros-Trabada (LU-P-6103) para bajar ya hacia Gondán y su albergue de peregrinos municipal. Cuenta con máquina expendedora de bebidas, un pilón exterior y zona de descanso. También en esa zona se encuentra una pequeña capilla en honor a la Virgen del Pilar, con las imágenes de la virgen y de Santiago Apóstol.

Si se opta por proseguir la marcha hasta Lourenzá (7 kilómetros), continúa el descenso hasta la parroquia de San Xusto de Cabarcos, al otro margen del río Puxigo. Es un buen sitio para recobrar refuerzas, en el bar A Curva y su restaurante, máxime cuando se trata del primer local desde Vilela. Oferta un menú abundante por 10 euros y sus responsables también gestionan el albergue de San Xusto, junto al bar, además del de Gondán.

Más adelante, unos pasos alejada del itinerario, se puede visitar la iglesia de San Xusto, anterior al año 900, en la que destaca un retablo barroco de 1753 y su imaginería, como el Apóstol Santiago Peregrino. También allí se encuentra un crucero en recuerdo de la capilla del Bo Suceso, destruida en 1984.

El Camino se desvía antes a la izquierda, por una pista de tierra, en una bifurcación en la que un pozo protegido por Patrimonio permanece intacto justo en el medio de la calzada. Idéntica distinción ostenta un pajar típico, construido en piedra, y perteneciente a la misma finca que rodea el viajero (5 kilómetros a Lourenzá).

Última rampa con gran pendiente

Poco resta ya de etapa, aunque sí una última subida bastante dura sobre un firme de tierra y grava. Coronado el ascenso por una red de pistas forestales se alcanza el concello de Vilanova de Lourenzá. Un panel despide al romero del municipio de Barreiros y, tras un buen trecho en suave descenso, se llega a una carretera asfaltada desde donde se divisa al fin la imponente fachada de la iglesia de Santa María y el monasterio de San Salvador.

Continúa la bajada hasta el campo de fútbol (izquierda) y la modesta capilla de Santa Cruz, donde se toma a la derecha por otro ramal de tierra que torna en un sendero estrecho e inclinado hasta una rampa de cemento aun con mayor pendiente. Pies de plomo en este punto, porque, como apreciará el caminante, incluso se ha instalado un pasamanos metálico para facilitar el paso. Desemboca en la carretera general. Cruzándola, se accede al centro de la villa por el Ponte da Pedra, de origen medieval y un solo arco, que conduce al núcleo urbano superando el río Baos, afluente del afamado y salmonero Masma.

El albergue está emplazado en las inmediaciones del Camino (rúa Campo da Gracia), en el centro de Lourenzá, población que cuenta con todo tipo de servicios.

En bici

Etapa llevadera para los ciclistas, que solo encontrarán dificultad en la subida desde A Ponte-Arante, por el firme empedrado, y la cima final desde San Xusto (Barreiros) hasta entrar en el término municipal de Lourenzá.

También puede encontrar tramos muy embarrados, especialmente con lluvia, entre Vilela y A Ponte. La ruta alternativa discurre por la carretera LU-133, hasta llegar a la ermita de Nuestra Señora de las Virtudes.

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