Los Arcos

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Qué ver en Los Arcos

Los Arcos ©Panoramio génessis

Los Arcos ©Panoramio génessis

Cuando el peregrino accede a Los Arcos contempla la ermita de San Sebastián, que sirvió como capilla al contiguo hospital para peregrinos del siglo XIII, Santa María de Roitegui. Este fue uno de los tres hospedajes con los que llegó a contar la villa en la Edad Media. Los otros dos fueron Santa Brígida y San Lázaro, este último ya en la recta de salida. El casco urbano del enclave es de trazo medieval, con largas calles longitudinales conforme a la línea del río.

La ruta jacobea se adentra en el propio núcleo a partir de su calle Mayor, a la que asomaban hospitales y casas nobles (hoy se suceden albergues y distintos servicios para caminantes), que muestran la pujanza que llegó a tener el enclave en el devenir jacobeo. Tras unos primeros pasos por esta vía de casas blasonadas se llega a un cruce con la calle Nicanor Pascual, un desvío que conducirá al caminante al portal del Estanco, una reliquia de la antigua muralla medieval que puede datarse del siglo XIII. Su nombre se deriva de que en sus inmediaciones se localizaba una tienda con el pescado fresco que se traía a la villa y que se depositaba allí.

Si se prosigue por la calle Guillermo Zubieta, paralela a la calle Mayor (por donde continúa el trazado oficial) se llega al convento de las Madres Concepcionistas, que en su origen fue centro de estudios y perteneció a la orden de los capuchinos y que, en la actualidad, está ocupado por religiosas franciscanas de clausura. El convento guarda bellas obras de arte, como dos tallas barrocas. Ya de vuelta a la calle Mayor, el caminante adelanta sucesivas casas con escudos nobiliarios. Si se coge poco después un desvío por la calle Fueros, se llega al Ayuntamiento, de 1764, con escudo de la villa, y, unos metros después, al portal del Dinero, cuyo nombre puede deberse a que en sus cercanías se localizaba la Primicia Parroquial, la casa donde los vecinos entregaban un tributo para el mantenimiento del clero.

En la cercana calle del Medio se ubica, por otra parte, una de las antiguas hospederías para peregrinos, con una talla de Santiago. El trazado oficial cubre, mientras tanto, el último tramo de la calle Mayor y tras alcanzar la plaza de la Fruta gira hacia la derecha para llegar a la zona más monumental. Atrás queda la calle San Antón, la antigua judería. El caminante llega a la plaza de Santa María, auténtico centro neurálgico de la población. Su flanco sur está ocupado por el pórtico de la iglesia parroquial, mientras que los restantes lados de la plaza acogen edificaciones del siglo XVII con pórticos y arcos de medio punto. En los bajos se localizan varios de los bares con más vida del núcleo.

La iglesia parroquial de Santa María es la principal joya artística de Los Arcos, un monumental edificio ricamente decorado, construido y reformado entre los siglos XII y XVIII y que recoge un compendio de estilos, desde románico y gótico a plateresco, barroco o neoclásico. Su portada plateresca del siglo XVI es uno de los mejores ejemplos del Renacimiento navarro. Si el romero llega al lugar entre el 23 de abril y el 16 de agosto, y si el día está despejado, podrá comprobar cómo el sol ilumina al atardecer la cara de la imagen de la Virgen, una peculiaridad que, avanzado el Camino Francés, los caminantes volverán a comprobar en el templo de San Juan de Ortega (en la provincia de Burgos).

En la iglesia navarra destacan, además, el retablo mayor barroco del siglo XVII (presidido por la talla de Santa María de los Arcos, cuyo original color negro desapareció en una última restauración), la sillería del coro de estilo plateresco, el claustro tardogótico decorado con temas animales y vegetales y el bello órgano de 1760, uno de los más fastuosos de Navarra. Desde la Oficina de Turismo se organizan y realizan visitas guiadas a la parroquia de Santa María y al casco histórico del núcleo previa reserva. Abre hasta finales de septiembre.

Los Arcos ©Panoramio Guizel J.c

Los Arcos ©Panoramio Guizel J.c

En invierno abre aproximadamente media hora antes de cada misa. Tras esta visita, el trazado pasa por debajo del portal de Castilla (siglo XVII), que simula un arco de triunfo y con el que se cierra la plaza de Santa María. Era la puerta principal de acceso a la localidad fortificada y, para los que estaban dentro, el paso que los dirigía hacia Viana, a partir de la que abandonaban Navarra. El puente del Lavadero, que daba acceso al lavadero del lugar, permite a los peregrinos salvar el río Odrón, uno de los cauces criticados por Aymeric Picaud en el Códice Calixtino.

Por la villa denominada Los Arcos discurre una corriente de agua mortífera. Pasado el puente, el caminante se acerca al entorno de los albergues y a la Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisze. Inaugurada en el 2000, acoge cursos y exposiciones, algunas de gran interés al ceder Carmen Cervera parte de sus fondos para muestras temporales. La relación de la baronesa Thyssen con Los Arcos se debe a que sus abuelos maternos residían allí y fue en este enclave donde pasó varios veranos de su infancia. Al abandonar Los Arcos se divisa hacia la izquierda del camino la ermita de San Blas, antiguo lazareto de peregrinos. Conserva su ábside románico y restos de sillería medieval.

En un aspecto lúdico, los peregrinos que tengan tiempo libre en Los Arcos pueden acercarse hasta las piscinas municipales de kárting. Los más aventureros pueden aproximarse al Circuito de Navarra de Velocidad, que cuenta con una pista de kárting abierta al público. También podrán acercarse a alguna de las cuatro bodegas existentes en el núcleo, que realizan visitas guiadas. 

En el entorno de Los Arcos hay dos visitas recomendadas: la de la basílica de San Gregorio Ostiense, ubicada a 10 kilómetros del núcleo (pregúntese en Turismo por los autobuses que llegan al lugar), uno de los conjuntos más sobresalientes del barroco navarro. Para llegar a ella se deberá tomar la carretera N-129 y el desvío hacia Sorlada. Del templo sorprende su presencia sobre una colina y su destacada portada, con gran ornamentación.

Levantada en honor a san Gregorio, obispo de Ostia, posiblemente uno de los primeros peregrinos a Santiago y quien ordenó sacerdote a santo Domingo de la Calzada, en ella se conserva una reliquia del santo, su cráneo, de quien se cuenta una conocida leyenda sobre agua milagrosa que ahuyenta las plagas de los campos. Más distanciado, en torno a 18 kilómetros, se ubica el santuario de Nuestra Señora de Codés, al resguardo de la agreste sierra de Codés. El conjunto, de gran belleza, incluye el templo, con su monumental torre barroca, una hospedería construida en 1614 (actualmente rehabilitada, con alojamiento, bar y restaurante) y el antiguo palacio del Obispo de Calahorra.

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Ana Muñoz Martos 15/08/17 18:32:26
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Desde ayer (14 agosto) se encuentran en fiestas, razón para detenerse aquí y disfrutar como uno más del pueblo si se tienen energías.
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18/07/2019

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