Carrión de los Condes-Terradillos de los Templarios

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Monasterio benedictino de San Zoilo

Monasterio benedictino de San Zoilo

La llanura castellana domina con sobriedad y fuerza esta etapa que incluye uno de los tramos despoblados más largos del Camino Francés. A lo largo de los primeros 17 kilómetros, durante los que escasean los árboles a excepción de unos chopos, las prolongadas e inacabables rectas, sin un solo pueblo, ni fuente, ni sombra es posible que desanimen a más de un peregrino. Conviene ir provistos de agua y alimento, así como de visera y protección para combatir al inmisericorde sol estival.

La estepa cerealista no da tregua y tan solo los pequeños pueblos intermedios, que cuentan con servicios, dinamizarán el largo caminar. Desde Calzadilla de la Cueza, guía para los caminantes durante la Edad Media, un sendero paralelo a la carretera nacional ayudará a los peregrinos a avanzar con celeridad. En la meta espera Terradillos de los Templarios, una localidad donde la leyenda sitúa el enterramiento de las gallina de los huevos de oro.

La etapa Carrión de los Condes - Terradillos de los Templarios (26,1 kilómetros)

Esta etapa, en la que los caminantes se enfrentarán a interminables rectas sin sombra ni lugar donde resguardarse, arranca a partir de un breve recorrido urbano por Carrión de los Condes (405,3 kilómetros a Santiago). Se atraviesan las calles San Antonio, donde se ubica la iglesia de Santiago con su famoso friso escultórico que muestra el románico en todo su esplendor, Esteban Collantes y Piña Blasco y se salva, a continuación y por un puente asfaltado, el propio río Carrión.

Se llega entonces al entorno del monasterio benedictino de San Zoilo (siglo X), de visita obligada, tanto por sus elementos románicos y su claustro de estilo plateresco como por acoger los sarcófagos de los literarios condes de Carrión. Según el célebre Cantar de Mío Cid los infantes de Carrión, don Diego y don Fernando, se casaron con las hijas de Rodrigo Díaz de Vivar. Sin embargo, después de resultar ofendidos y aparecer a ojos públicos como cobardes, deciden vengarse y ultrajar a sus propias esposas. Las hijas del Cid son vejadas, fustigadas, malheridas y abandonadas en el robledal de Corpes. El Cid Campeador salva a continuación la afrenta.

En el monasterio también se puede visitar el Centro de Estudios y Documentación del Camino de Santiago, que alberga una biblioteca con cerca de 4.500 volúmenes de temática jacobea. Los peregrinos podrán consultar distintos manuscritos entre los que se halla un facsímil del Códice Calixtino. El peregrino deja a mano izquierda el monasterio y a mano derecha, un mojón con el escudo de Galicia.

Avanza entonces hasta una rotonda, de cierta peligrosidad, aunque bien señalizada, por la que salva sin acera la CL-615. La ruta sigue de frente por la avenida de Donantes, en un tramo en el que los viajeros hallarán primero una sede de la Cruz Roja y, posteriormente, una gasolinera. Las flechas situadas en las señales los guían hasta una intersección con la N-120, que se cruza sin paso de peatones para continuar de nuevo hacia delante por la PR-2411, carretera local de poco tráfico que conduce hasta Villotilla.

El peregrino deberá seguir durante más de 3 kilómetros por el margen izquierdo del asfalto y sin arcén acompañado de la dura estepa y de áreas de regadío. El trazado intercala tramos de diferente anchura, aunque siempre de fácil tránsito, e incluso por momentos la carretera es de doble sentido. Se salva un arroyo y se llega entonces a los terrenos en donde antaño se situaba la abadía de Benevívere (del buen vivir) (21,6 kilómetros a Terradillos). En la actualidad tan solo quedan en pie unas ruinas de este templo del siglo XII, no intuidas desde el propio itinerario.

Por la Vía Aquitania

Tras salvar por asfalto el arroyo Perionda, la vía abandona la carretera y se adentra durante los siguientes 12 kilómetros por la Vía Aquitania, calzada romana que enlazaba Burdeos con Astorga y que la ruta jacobea aún pisa en su trazado original. Sobre un firme de tierra y pequeños cantos rodados, y escoltados en ocasiones por una hilera de árboles que no aportan sombra, los caminantes avanzan de forma monótona teniendo como referencia visual a 500 metros hacia la derecha la autovía Camino de Santiago.

En este itinerario rectilíneo los romeros deberán hacer frente a la inexistencia de sombras y a la carencia de fuentes con agua potable, por lo que se aconseja tomarse la marcha con cierta calma y sin premura. Se avanza por un área que en la Edad Media acogió dos importantes hospitales de peregrinos, de los que no quedan restos, y que debían suponer un auténtico oasis en medio del desierto.

El primero que se encontraban los caminantes era el llamado Hospital de Santa María de la Fuente, Hospitalejo u Hospital de Don García, fundado en el siglo XII. Uno posterior se conoce como Hospital Blanco. Después de 4 kilómetros y medio de recorrido por esta vía, y tras un cruzar un canal, se llega al área recreativa Fuente del Hospitalejo, que invita a hacer un alto a los peregrinos, a pesar de contar con bancos sin sombra y de no disponer de fuente.

En su continuo avance atraviesan un cruce con la carretera local que conduce hasta Bustillo para continuar de nuevo de frente. Justo antes de esta intersección (16,4 kilómetros a Terradillos), y únicamente en temporada alta, es posible que los peregrinos puedan tomar algo en un bar improvisado. En el nuevo tramo de vía romana se mantienen las prolongadas e interminables rectas y la soledad cerealista. Tan solo una encina que los romeros hallarán a mano izquierda podrá servir como punto de referencia. Tras una épocas de fuertes lluvias es posible que este camino aparezca, además, encharcado debido al suelo arcilloso.

Por la Cañada Real

En torno a 2 kilómetros después, los caminantes alcanzan el Área recreativa Cañada Real Leonesa, donde un indicador advierte que este lugar sirve de paso para los pastores trashumantes en su recorrido desde los pastos de verano de la provincia de León a los de invierno de las comunidades de Extremadura y Andalucía. Esta área de descanso incluye mesas al aire libre, un asiento a cubierto y un baño.

Acompañado de chopos, el peregrino continúa entonces por un tramo de suaves ascensos y descensos que lo conducen hasta las inmediaciones del primer alto de la etapa, Calzadilla de la Cueza (9,3 kilómetros a Terradillos), localidad que permanece oculta hasta el último momento para desesperación del impaciente romero. Se deja a mano derecha una iglesia y un pajar y se desciende con celeridad por una cuesta hasta esta pequeña población, que recibe a los viajeros con un importante albergue levantado sobre una nave con una refrescante máquina de bebidas fuera y una salvadora piscina en su interior.

El recorrido rodea el núcleo por su mano izquierda y sobrepasa su único restaurante, para avanzar, a partir de una buena señalización sobre casas y postes, hacia el final. Se llega entonces a una intersección con la N-120, un desvío que los caminantes deberán tomar a la derecha para salvar, sobre asfalto, el río Cueza.

Prosiguen a continuación por una pista paralela a la nacional por su margen izquierdo que los aproxima a las ruinas del antiguo Hospital del Gran Caballero o de Santa María de las Tiendas. Los orígenes de este enclave se remontan al siglo XII, cuando la Orden de Santiago fundó en el lugar un hospital para peregrinos, germen del monasterio.

El hospedaje, que estuvo en funcionamiento hasta el siglo XIX, tuvo gran predicamento en la ruta jacobea por sus riquezas y tamaño y por facilitarse en él una generosa ración de pan, vino y queso. Fue durante muchos años parada obligatoria para los romeros francos. El gran retablo renacentista de su iglesia (siglo XVI) se puede admirar en la actualidad en la iglesia de San Martín, en la vecina Calzadilla.

Terradillos de los Templarios

Terradillos de los Templarios

Lédigos: Terradillos de los Templarios a la vista

La ruta vuelve al asfalto durante un mínimo tramo y regresa a continuación a ese sendero estrecho y de tierra, que discurre en paralelo a la nacional. Tras un suave ascenso y posterior descenso, y a la altura de un área recreativa, el Camino se bifurca en dos variantes. Los peregrinos o bien pueden continuar en paralelo a la nacional hasta alcanzar la entrada a Lédigos, localidad a la que acceden tras cruzar la carretera y seguir por un desvío a la derecha, o bien pueden atravesar junto al área de descanso el asfalto y enfilar una pista que se aleja de la N-120 y que 200 metros después gira a la izquierda y se acerca al enclave por su parte más elevada, donde se sitúa la iglesia parroquial. 

Cualquiera de las dos alternativas es sencilla y no reviste problema ni desnivel ninguno. Tampoco conlleva diferencias en cuanto al kilometraje. En Lédigos (3 kilómetros a Terradillos) una de las visitas de referencia es el templo ya mencionado, dedicado al apóstol Santiago y situado en un altozano desde el que ya se divisa Terradillos de los Templarios, fin de etapa.

Algunos historiadores apuntan que es la única iglesia de la ruta en la que existen representaciones de las tres imágenes de Santiago: peregrino, apóstol y matamoros. El pequeño núcleo, que hasta el siglo XVIII contaba con un hospedaje de peregrinos, dispone en la actualidad de un albergue privado con bar, un refugio para más de un caminante que a estas alturas ya estará sediento. La ruta cruza el enclave y se despide  a través de una calle que discurre en paralelo a la N-120 por su margen derecho.

El sendero, estrecho en un primer momento, se anchea a medida que avanza por detrás de un gran parque público, que cuenta con instalaciones deportivas, una fuente, bancos y columpios. Al final del mismo, la vía jacobea vuelve a cruzar la nacional hacia su margen izquierdo para afrontar los últimos kilómetros por un sendero de fácil tránsito, de tierra con piedras incrustadas. Tan solo regresará al asfalto durante el mínimo tramo que salva por carretera el río Cueza.

Poco después, ya se divisa a mano izquierda la gran extensión que ocupa un albergue privado, ubicado 200 metros antes del inicio del municipio y cuya piscina seducirá a más de un sofocado peregrino. Si se prefiere continuar hasta el enclave, fin de la etapa, los peregrinos deberán proseguir camino y adentrarse por un desvío a la izquierda que los conducirá hasta la calle Saldaña.

El Temple y la gallina de los huevos de oro

El nombre de Terradillos de los Templarios, con sus viviendas de ladrillo y adobe, hace mención a este «lugar de pequeños techos de tierra o terrazas». De hecho, el pueblo se sitúa en un sencillo promontorio que levanta las primeras casas. Sin embargo, si por algo se conoce hoy este núcleo es por su relación con el Temple, ya que fue territorio jurisdiccional de esta orden.

El Temple fue una de las más famosas órdenes militares cristianas. Fundada en 1118, tras la primera Cruzada, por nueve caballeros franceses liderados por Hugo de Payens, su propósito original era el de proteger la vida de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista. Como guardianes de los lugares santos, los templarios también extendieron esa labor de custodia al Camino de Santiago.

En el siglo XII había en las cercanías de Terradillos un hostal de peregrinos (hoy derruido) que llevaba el nombre de San Juan y que era protegido por los caballeros del Temple. La leyenda apunta que también fue en este lugar donde los últimos templarios enterraron a la famosa gallina de los huevos de oro. Los vecinos han ubicado tradicionalmente en el Alto Torbosillo el emplazamiento donde se esconde el preciado animal. Este cerro se puede contemplar si el peregrino, en su caminar, echa la vista hacia la derecha.

Este es un tema recurrente en los enclaves ocupados por los templarios. De hecho, Viana, en la misma vía milenaria, es otro de los lugares donde también se supone que está enterrada la gallina. Todo ello se debe al enriquecimiento de la orden, que daba pábulo a que los vecinos de estos núcleos tejieran distintos tipos de leyendas que lo explicasen. Había otras teorías que los hacían dominadores del arte de la alquimia y, por tanto, fabricantes de cantidades ingentes de oro. Lo cierto es que la gallina está asociada desde tiempos inmemoriales con el preciado metal.

En Terradillos una de las leyendas extendidas habla de que antaño había en la localidad una parroquia, la de San Esteban (en la actualidad no conservada), cuyo párroco llevaba cada año a Santiago un huevo de oro. Hasta que un día, el cabildo compostelano le explicó que no querían un solo huevo, que querían la gallina entera. Para que no se la pudiera llevar, los integrantes del temple la enterraron en el entorno, en el alto de Torbosillo.

Carrión de los Condes - Terradillos de los Templarios en bici

Los ciclistas no se encontrarán con más enemigos que el sol y la falta de refugio. Conviene salir bien cargados de agua.

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