Laza-Xunqueira de Ambía

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Monasterio de Xunqueira de Ambía

Monasterio de Xunqueira de Ambía

Esta etapa pone a prueba la resistencia de los caminantes con una subida al monte A Travesa considerada por muchos como uno de los repechos más duros de toda la Vía de la Plata, largo e inmisericorde con las piernas. El esfuerzo, de todas formas, se ve recompensado en altitud con vistas inmejorables de los valles del lugar.

La jornada, bonita, y principalmente rural, dispone de servicios para peregrinos en dos puntos clave, Alberguería y Vilar de Barrio. En el primero, cuyo origen se liga al Camino, se localiza un albergue y uno de los bares más auténticos de la ruta. Vilar de Barrio, por su parte, aúna diversos restaurantes y un buen albergue, utilizado por muchos caminantes para partir la etapa.

En los últimos kilómetros, y tras un continuado descenso, los viajeros transitan por la llanura donde existió durante siglos la ahora desecada laguna de Antela. La meta, con la imponente colegiata de Santa María la Real, merece una visita reposada.

La etapa (33 kilómetros)

La jornada arranca en Laza, en la praza da Picota -espacio con algún bar-, desde donde se inicia la marcha por la propia rúa da Picota. Una segunda calle, con bonito cruceiro, guía la vía hacia la carretera OU-113, que conduce a Vilar de Barrio. El caminante la sigue hacia la derecha en un recorrido urbano durante el que adelanta diversos servicios, como una panadería, el bar Descanso do Peregrino o una fuente.

Al final del núcleo, prosigue por el arcén hasta que una señal le permite alejarse durante unos metros de esta carretera. Se desvía hacia la derecha por una pista asfaltada en dirección Vilamea, Castro o Tamicelas y salva por ella el río Támega. Acto seguido, la senda desemboca de nuevo en la OU-113, por la que se retoma la marcha. Poco a poco el caminante se aproxima a Soutelo Verde, primer núcleo intermedio. Antes de llegar a la población una señal conduce al peregrino hacia la izquierda, hasta un camino que avanza en paralelo a la carretera. El viajero se adentra de esta forma en el caserío del enclave, en el que se encuentra con una inicial fuente y con una singular señal que aclara que Granada queda a 888 kilómetros. El porqué de esta inscripción hay que buscarlo en el origen granadino de un vecino del lugar. Como curiosidad destacar que en Soutelo Verde otro cartel puntualiza la distancia a Buenos Aires, al haber también un matrimonio argentino residiendo en el núcleo.

Se avanza entre las casas, se salva de nuevo el río Támega y se deja a mano derecha la capilla de los Dolores y un posterior peto das ánimas con una inscripción jacobea que data del año 1813: “Pasajero vas caminando, socorre las almas que están penando”.

Al final del enclave se regresa a la carretera, que se toma a mano izquierda pero tan solo brevemente ya que, tras unos metros, la vía se desvía a la derecha por una cómoda pista de tierra que despide al valle del Támega. Se recorren 2,5 kilómetros por este camino –se sobrepasa una cuidada fuente a mano izquierda-, y, con amplias vistas de los altos montes que rodean el lugar, se llega a Tamicelas, una pequeña aldea de Laza emplazada a 545 metros de altitud.

Arranca la dura subida hacia Alberguería

En este núcleo, que tan solo se roza, es donde comienza el duro ascenso por el monte A Travesa que lleva al caminante a ganar más de 360 metros de altitud en poco más de cinco kilómetros. Ya la propia población se atraviesa en cuesta.

Un banco situado junto a la iglesia barroca de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XVIII), al pie del Camino (o el buen área recreativa con la que cuenta el núcleo), permitirá al peregrino tomar aire ante la dureza de la inminente subida.

Las primeras rampas avanzan entre curvas, y por una pista de tierra escoltada por sucesivos pinos. Más arriba la vegetación se despeja pero el ascenso no se atenúa. Al contrario, un terreno pedregoso, y un duro repecho, ralentizan aún más el caminar. Las vistas de los valles circundantes son extraordinarias y, en cierto modo, recompensan el continuado esfuerzo.

El desnivel se mantiene durante cuatro kilómetros aunque la parte más dura se solventa en los dos primeros. Tras un tramo llano, en donde se podrá hacer un descanso junto a un mojón, la subida continúa aunque de una forma más atenuada. Aún así, la travesía se hace larga en su última parte.

Alberguería

Alberguería

Completado el esfuerzo la vía empalma de nuevo con la carretera (por la que deberían haber seguido los ciclistas) que, en suave ascenso, conduce a los caminantes hasta Alberguería, hito importante en la ruta al haber sido fundado en el siglo XII para los peregrinos. Esta pequeña aldea, hoy en día casi deshabitada, contó antaño con una posada para viajeros y con un hospital de caridad para el caminante. En la actualidad dispone de un albergue y de uno de los bares con mayor personalidad de este Camino, que se ha confirmado como una parada casi obligatoria para los viajeros, máxime después de la agotadora subida. Regentados ambos por Luis Sandes, este amante del Camino ha logrado instaurar en ellos, y hacer que perdure, una tradición. Desde el año 1994 les da a firmar a los peregrinos que pasan por allí una concha, en la que, junto a sus nombres, los caminantes dejan un dibujo o alguna frase escrita en diversos idiomas. Inmediatamente quedan colgadas en alguno de los pocos huecos existentes en el albergue, ya que el bar se ha colgado el cartel de completo.

Tras la parada, la vía deja a mano derecha la iglesia parroquial, que data del siglo XVII y conserva una talla de Santiago, y se dirige a la Praza do Rollo, lugar donde desde el 2010 se puede contemplar el recuperado rollo o picota de justicia de la localidad. En Galicia se conservan muy pocos ejemplares de este instrumento judicial y de castigo, más habitual en otras comunidades. De ahí la importancia de su rehabilitación en su lugar de origen, ya que durante muchos años este poste de piedra formó parte del cierre de una huerta.

Se sale del núcleo por un cómodo camino de hierba que corre el riesgo de hallarse anegado. La vía mantiene la subida, aunque más atenuada. Tras casi un kilómetro y medio por este sendero se cruza una carretera local para retomar de frente una pista de tierra. El peregrino prosigue ganando altitud mientras avanza con la carretera a mano derecha. Tras varios metros, la ruta ya desemboca en la OU-113. Cruza entonces el asfalto y se adentra por un camino que, en ascenso, guía a los peregrinos a la cota más alta de la jornada, ubicada a 970 metros de altitud. Una gran cruz corona el monte Talariño.

Continuado descenso hasta Vilar de Barrio

Completada la subida, un mojón situado junto a la cruz guía a los viajeros hacia la izquierda, hasta una pista de tierra por la que se inicia un prolongado descenso. Poco a poco se empieza a divisar allá en lo bajo parte de la llanura de A Veiga. En invierno habrá que tener cuidado en algunos tramos. Al ser un paraje sombrío algunos de ellos pueden estar helados.

Tras más de 500 metros de bajada la vía desemboca en la carretera OU-113, que se sigue también durante medio kilómetro. Un camino a mano izquierda aleja de nuevo a los caminantes del asfalto en un lugar donde unos carteles invitan a visitar la aldea de O Veredo, aún en reconstrucción, emplazada a 250 metros a mano izquierda de la ruta. El lugar cuenta con fuente y árboles centenarios. Sin embargo la vía oficial obvia este desvío y se prolonga en descenso por una pista de tierra que, de nuevo, puede hallarse embarrada.

La bajada se mantiene durante más de un kilómetro hasta que desemboca en una pista asfaltada, que se sigue a mano izquierda. De esta forma se continúa durante 400 metros. A continuación, otra señal desvía la senda hacia la derecha, hasta un camino de tierra por el que prosigue el desnivel. Cubierto este tramo la ruta desemboca en la carretera OU-114, que adentra a los peregrinos en el ayuntamiento y en el propio núcleo de Vilar de Barrio.

Situado en la comarca de A Limia, este municipio vive económicamente de la patata y es conocido por una fiesta otoñal en la que se rinde tributo a este tubérculo. El enclave, con albergue, es utilizado por muchos peregrinos para partir la etapa.

Tras un breve recorrido urbano, en el que se adelanta algún hórreo, la vía llega al entorno de la Praza do Toural, donde se localiza un parque infantil con asientos así como diversos comercios y restaurantes. Se deja a mano izquierda la iglesia de San Pedro Fiz y la vía se aproxima a un cruce con la OU-1102. Desde este punto Xinzo de Limia (por donde prosigue la otra variante de la Vía de la Plata) queda a 15 kilómetros a mano izquierda. Pero la ruta continúa de frente por un tramo común con la OU-113, por el que se despide la población y durante el que se adelanta una fuente y un lavadero. Esta pista desemboca en una bifurcación. Se elegirá el carril de la izquierda. De esta forma, y tras más de dos kilómetros desde Vilar de Barrio, se alcanza Bóveda, población alargada que se cruza. La vía incluso pasa por entre dos casas comunicadas. En este núcleo, con una curiosa fuente de 1922, se encuentra la casona del Marqués de Bóveda de Limia, caballero de Santiago, y una capilla fundada por él en el templo parroquial.

Por la desecada Laguna de Antela

Tras una leve subida se alcanza Vilar de Gomareite, núcleo que se atraviesa fugazmente por una pista descendente, con hórreos al pie del Camino. A su término el peregrino toma una carretera local hacia la derecha. Desde este momento es posible que se sorprenda ante lo rectilíneo de la ruta, algo que le recordará a las llanuras de Castilla.

Laguna de Antela

Laguna de Antela

Tras medio kilómetro, otro mojón invita al viajero a trazar un giro hacia la izquierda y a transitar durante casi 3,5 kilómetros por una uniforme y recta pista de tierra, que convierte este tramo en interminable. El peregrino recorre en este punto la clásica Laguna de Antela, desecada en los años 50. Este humedal fue uno de los más importantes y mayores de España. Ocupaba unas 3.600 hectáreas y en épocas de aguas altas llegaba a tener siete kilómetros de largo y seis de ancho, aunque variaba dependiendo de la temporada. Su profundidad oscilaba entre los 60 centímetros y los 3 metros. Actualmente quedan tan solo algunas charcas, pero aún guardan interés natural. Entre las circunstancias que aconsejaron su desecación estaban los obstáculos que suponía para los trabajos agrícolas y los peligros de salud que conllevaba para los ribeirenses, por su humedad constante.

La obra de desecación se inició en 1958, dos años después de que fuese declarada de interés nacional para sanear la zona y crear nuevos terrenos de cultivo. Se encauzó el río Limia en un tramo de 6,6 kilómetros y se creó el canal principal o emisario (otros 7,5 kilómetros). Se construyeron además diez kilómetros de canales de drenaje y desagües terciarios de la desecación. Además del ecosistema, el proyecto se llevó por delante algunos elementos patrimoniales.

Tras el monótono andadero, de fácil tránsito, y que tan solo en una zona próxima a una fábrica puede hallarse encharcado, un mojón desvía la senda hacia la derecha, hasta otra recta pista que cruza una carretera local y que, en subida, alcanza las primeras casas de Bobadela.

Los peregrinos deberán estar atentos a las indicaciones. Una señal situada sobre una casa desvía la vía hacia la derecha por una calle que, en ascenso, les conduce hasta una plaza, con fuente desecada y asientos del Xacobeo, y hacia la salida del núcleo. A continuación arranca un tramo de bella factura que gana nuevos metros a partir de una pista escoltada por robles. Se sale a una carretera local y se continúa por otro sendero que se inicia a su izquierda. Tras otro breve tramo se desemboca en una segunda carretera, que se sigue a mano izquierda. La señalización en este punto no es muy visible (la flecha está en un árbol), algo que puede generar confusión en el caminante. Acto seguido se llega a Padroso, ya perteneciente al ayuntamiento de Xunqueira de Ambía, un enclave bucólico con diversos hórreos. El peregrino no deberá confundirse ante las erróneas flechas situadas en postes y que contradicen a los mojones oficiales.

Casi a la salida de la población, una placa recuerda que en ella nació el escritor Bieito Ledo Cabido, creador de una conocida editorial de Vigo y editor de la Enciclopedia Galega Universal.

Bellas vistas antes de la última bajada

La vía se adentra entonces, en leve subida, por un sendero de bosque que puede hallarse embarrado debido al agua que rebasa desde un pilón y que da paso a un bello paraje de vegetación baja.

Aún en suave ascenso se llega a un camino que discurre entre peñascos y desde donde se tendrá unas magníficas vistas de la zona. La travesía supera en este punto los 700 metros de altitud. Comienza a continuación el último descenso de la jornada, que se deberá acometer en sus primeros tramos con cautela y protección.

Ya más abajo el desnivel se suaviza y la ruta se introduce en un bello sendero que guía al viajero hacia la pequeña aldea de Cimadevila, que no se toca. Antes de llegar a ella, justo en el lugar donde se sitúa una hilera de hórreos, el itinerario tuerce a la derecha y prosigue durante más de medio kilómetro por una bonita senda que desemboca en la OU-0110. Se cruza la carretera, se deja a mano izquierda una nave y se continúa en leve bajada por otra cómoda pista durante casi 800 metros. A continuación ya se alcanza Quintela, población que se recorre fugazmente por la OU-0110. Desde este punto el albergue queda a menos de 1 kilómetro.

 A los peregrinos tan solo les restará seguir por una pista asfaltada que arranca a mano derecha y que les conduce al refugio, situado 300 metros antes del propio núcleo de Xunqueira de Ambía.

En bici

Los ciclistas deberán ser precavidos y no internarse por dos tramos de difícil cobertura.

Desde Laza se recomienda que continúen trazado hasta Alberguería por la carretera OU-113, en un recorrido que, de todas formas, supondrá un duro esfuerzo. La subida, que zigzaguea por esta montañosa se cubre con sucesivas curvas de herradura en las que la pendiente media es de 7%, llegando incluso a tener rampas del 10%.

El ascenso por la vía oficial, que arranca en Tamicelas y trepa por el monte A Travesa, es intransitable a dos ruedas. Un segundo trazado que se aconseja cubrir también por asfalto es el último ascenso de la jornada, el que sigue al paso por el núcleo de Padroso. Desde este lugar se recomienda enlazar con la OU-0110.

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