Santiago-Negreira

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A Ponte Vella y el río Tambre en Ponte Maceira / Fotografía de Manuel Marras

A Ponte Vella y el río Tambre en Ponte Maceira / Fotografía de Manuel Marras

Con una rápida y bonita salida de Santiago, mucho más agradecida que la entrada desde el Monte do Gozo, se inicia esta moderada etapa, en la que el caminante tan solo hará frente a un repecho de importancia. A través de un recorrido por diversas aldeas rurales, y, en general, con buen firme, el peregrino llegará en aproximadamente cuatro horas a Negreira, población cada vez más adaptada y enfocada al caminante.

Justo antes, en Ponte Maceira, se sitúa el principal hito monumental de la jornada, el impresionante puente de origen romano sobre el río Tambre. El viajero deberá tomar precauciones antes de la salida porque durante los 8 primeros kilómetros no hallará ningún servicio. Eso sí, los sucesivos montes de pinos y eucaliptos le aseguran a cambio reconfortantes sombras. Desde la carballeira (robledal) de San Lorenzo, aún en Santiago, las señales indicativas de la ruta son continuas. La costumbre de depositar piedras sobre los mojones se convierte en un clásico en este camino.

La etapa (21 kilómetros)

Desde la plaza del Obradoiro, meta del resto de rutas jacobeas, el caminante que desee proseguir camino hasta Fisterra o Muxía deberá situarse junto al Hostal dos Reis Católicos e iniciar travesía en descenso por la calle que se abre entre este antiguo Hospital Real y el Pazo de Raxoi, sede del ayuntamiento compostelano. Antaño se levantaba en este punto una de las siete puertas de la localidad medieval, la puerta del Peregrino o de la Trinidad, hoy desaparecida. En la bajada por la rúa das Hortas podrán observar a mano izquierda la iglesia de San Fructuoso, en cuya cornisa superior se sitúan imágenes de las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. La ironía popular las ha identificado, sin embargo, con las cuatro sotas de la baraja española.

Tras cruzar la rúa Galeras el peregrino enfila hacia las rúas Poza do Bar y San Lorenzo. Avanzados unos metros alcanza ya la carballeira (robledal) de mismo nombre, donde se localizan la primera señal y el primer mojón indicativos de este Camino. La frondosa y sombría carballeira de San Lorenzo, lugar histórico de reunión y de celebración de fiestas y romerías y eje de uno de los conocidos poemas de la poetisa gallega del siglo XIX Rosalía de Castro, cuenta con varios ejemplares de robles centenarios.

Junto a la carballeira se conserva el Pazo de San Lorenzo de Trasouto, un originario convento mandado construir en el siglo XIII por el obispo de Zamora. Estuvo ocupado por franciscanos y en el siglo XIX pasó a ser propiedad de los condes de Altamira, que lo empleaban como residencia. Como dato histórico recordar que en él se alojó durante la Semana Santa de 1520 el emperador Carlos V. En la actualidad, el pazo, con un bello jardín de boj, se explota como establecimiento de restauración y es un lugar habitual de bodas y ceremonias.

El caminante deja a mano izquierda el muro que delimita el Pazo de San Lorenzo y, en descenso, se adentra por la Costa do Cano hacia Ponte Sarela, uno de los lugares desde donde parte (pero en sentido contrario a la sirga peregrina) uno de los paseos fluviales con mayor encanto de Santiago. Aún así, el caminante pasará, en su travesía, junto a antiguos molinos y curtidorías, fábricas de curtidos de gran relevancia en el desarrollo económico de la ciudad compostelana desde mediados del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX. Tras unos metros en ascenso por senderos acondicionados, se atraviesa de nuevo el estrecho cauce del río Sarela y se pasa junto a un poste de alta tensión. El peregrino llega entonces, y ya por asfalto, al lugar conocido como Sarela de Abaixo, desde donde vislumbrará por última vez las torres de la Catedral de Santiago.

Tras este último vistazo, la ruta gira hacia la derecha junto al mojón 86,722. Poco después se debe tener cuidado ya que la ausencia de señalización puede sembrar dudas. Se deberá continuar por la izquierda. El itinerario prosigue como en un sencillo paseo por un bosque de robles y eucaliptos, que garantiza sombra. Tan solo algunos tramos pedregosos, y en ascenso, pueden ralentizar la marcha.

Tras más de un kilómetro de itinerario por este sendero de ancho suficiente se produce una abrupta aunque breve bajada, en la que los caminantes deberán saltar algún árbol caído. Unos metros después (mojón 85, 386), en el entorno de unas viviendas del lugar de Moas de Abaixo, se cubre una amplia curva hacia la izquierda y, llegados a una bifurcación, se sigue de frente. Tras un giro hacia la derecha, y entre chalés, se prosigue camino sobre asfalto. El caminante se sitúa en el lugar de Carballal, en una plaza atravesada por la sirga jacobea, en la que se deja a mano izquierda un hórreo. El rápido deambular continúa entre casas que incorporan señales jacobeas. Acto seguido, y ya de nuevo sobre tierra, y escoltada por eucaliptos, la vía afronta la subida por el conocido como monte Vilariño. Los tramos más pedregosos pueden dificultar el tránsito. En lo alto se toma hacia la izquierda y se avanza de nuevo por pistas de buen firme. De esta forma se arriba al núcleo de Quintáns, con sus casas de vivos colores.

Llegados al mojón 82,062, situado frente a un stop, la ruta jacobea continúa hacia la izquierda pero los caminantes que necesiten desayunar deberán girar a la derecha, para localizar el primer establecimiento con servicios de la jornada. Se trata del bar los Arcos, con desayunos, raciones y tapas.

Hacia el Alto do Vento

La vía milenaria toma, sin embargo, hacia la izquierda y, junto a una marquesina, hace un quiebro y continúa en descenso escoltada por casas de piedra. Prosigue a continuación por una recta de asfalto hasta el puente medieval sobre el río Roxos. Tras sobrepasarlo se localizan dos mesas al aire libre, pero sin asientos. Acto seguido se inicia, primero por asfalto y luego por sendas pedregosas, el ascenso al moderado Alto do Vento, a donde se llega sin demasiado esfuerzo y tras sobrepasar algún tramo con adoquinado.

Ames

Ames

El caminante abandona en este punto el ayuntamiento de Santiago y se adentra en el de Ames, en el lugar conocido como Ventosa. Es aquí donde se sitúa el segundo establecimiento con servicios para caminantes. Se trata de la parrillada-café-bar Alto do Vento, con menú del peregrino a 8 euros.

La AC-453 toma el relevo y guía al caminante hasta un cercano y reconfortante parque con bancos y fuente. Después de este alto se recomienda cruzar la carretera y continuar camino por la acera de la derecha ante la falta de arcén en el izquierdo. Tras abandonar esta carretera y girar hacia la derecha, se llega, poco después, entre casas, a un cruce peligroso, sin paso de peatones, en el entorno de un taller mecánico (J.Bello) que puede sacar de un apuro a algún ciclista. Se debe cruzar con precaución y continuar de frente.

Antes de pasar de nuevo bajo un tendido eléctrico se ven los primeros indicativos, no oficiales, que marcan rumbo “A Fisterra”. El caminante afronta a continuación otra de las largas rectas sobre asfalto de la jornada. A mitad de la misma, en el lugar de Lombao, deja a mano izquierda un desvío a Bertamiráns y, a mano derecha, la pista que conduce al cercano albergue de Riamonte. La vía sigue de frente y también esquiva el desvío al lugar de Castelo. A mano izquierda queda otro taller (Enrique Castiñeiras: (+34) 981890276 / (+34) 669799706) al que los ciclistas pueden acudir en caso de alguna urgencia pequeña.

Puente medieval de Augapesada

Aún en la recta se accede a Pedras, lugar en el que se sitúa –aunque alejado a 500 metros a mano derecha del Camino- el restaurante Casa da Aboa, con menú del peregrino a 8 euros. El peregrino se despide de la invariable y recta travesía en Augapesada, pero no antes de adelantar el bar O Cruceiro y una farmacia, que atiende de lunes a viernes de 09.00 a 21.30 horas y, los sábados, de 10.00 a 20.00 horas. Un mojón en la acera de la izquierda desvía el itinerario hacia el puente medieval sobre el Rego dos Pasos, rehabilitado en la actualidad. La vía pasa junto al puente, no lo atraviesa, y adelanta varias casas, asientos y una fuente de agua no potable. En este entorno natural pasó la poetisa Rosalía de Castro sus primeros años de infancia.

Duro repecho en el Alto do Mar de Ovellas

El peregrino está a punto de iniciar la subida más fuerte de la jornada, un continuado repecho de cerca de más de 2,5 kilómetros y 215 metros de desnivel. Para afrontarla deberá cruzar antes la carretera CP-0204, donde se sitúa, 30 metros a mano izquierda de la sirga peregrina, una tienda-bar. A los ciclistas se les recomienda continuar recorrido por la carretera, sobre todo, durante el invierno ya que, tras fuertes lluvias, el ascenso puede estar muy embarrado.

Bajo un robledal, y en constante subida, se alternan tramos de tierra y de camino empedrado. Varios bancos, adornados con las palabras de “ánimo”, estimulan al caminante a coronar el ascenso al alto do Mar de Ovellas, que en su último tramo, y en una subida ya más tendida, se realiza por asfalto. Desde lo alto el caminante apreciará una buena panorámica del valle de A Maía. Recobradas las fuerzas, la vía inicia el descenso por la misma carretera. De forma rápida atraviesa varios núcleos, como Carballo, donde se ubica una cruz en recuerdo de un hombre de Fisterra fallecido en el lugar, o Trasmonte, donde el viajero hallará un buen bar para hacer un alto, Casa Pancho, con desayunos y bocadillos de buena relación tamaño-precio.

En este punto se recomienda tomar un desvío señalizado que conduce, tras 50 metros, a la iglesia de Santa María y al cruceiro cercano. El templo, de mediados del siglo XVIII, cuenta en su fachada con una torre-campanario de estilo barroco con pequeña cúpula. Del cruceiro lo más llamativo es el pousadoiro que le acompaña. Se trata de una mesa de piedra que era parada obligatoria en los entierros. Sobre ella se depositaba el féretro camino del cementerio mientras el cura rezaba un responso.

La ruta continúa por asfalto, rodeada en ocasiones de castaños, por los lugares de Reino, donde, desviado a 80 metros del itinerario, el caminante podrá localizar el Mesón O Pozo (con menú del peregrino), y Burgueiros, para proseguir el descenso hasta el idílico paraje natural de Ponte Maceira.

Monumental puente romano en Ponte Maceira

Este núcleo, uno de los más inmortalizados por los peregrinos del Camino de Fisterra, se halla dividido por el río Tambre, rincón fluvial que también sirve de transición entre los ayuntamientos de Ames y Negreira. El viajero adelanta en su caminar casas cuidadas, presididas por la que fue sin duda la más importante, con reloj de sol, y deja a mano derecha el restaurante Ponte Maceira, rehabilitado sobre un antiguo molino, desde cuya terraza se podrá apreciar la belleza del conjunto que conforman piedra y auga. Acto seguido, ya se sitúa frente al Ponte Vella, el conocido puente del enclave, antaño único paso del Tambre en bastantes kilómetros. De ahí su importancia, ya que durante el medievo permitía salvar el río y enfilar desde Santiago hacia la Costa da Morte. El puente tiene orígenes romanas, aunque fue reformado en la Edad Media. Su romanización queda patenta en su base, con un aparejo regular que nada se parece al resto del conjunto de la obra. El puente fue reconstruido en el siglo XIV, y, posteriormente, en el XVIII.

El tramo principal está formada por cinco arcos de sillería, teniendo mayor tamaño los dos centrales, y un tramo de acceso en el que se abren dos arcadas de aliviadero. La bóveda central es ojival. A pesar de que muchos escritos identifican este lugar como el puente que se partió por intervención divina para que los discípulos del Apóstol que trasladaban su cuerpo y eran perseguidos por romanos pudieran escapar (escena que se refleja en el propio escudo del ayuntamiento de Negreira), el historiador local, Amancio Liñares, aclara el error. El puente que según la leyenda se cayó milagrosamente se haya localizado entre las parroquias de Ons (ayuntamiento de Brión) y Logrosa y del mismo no quedan restos tangibles. En verano se puede descender hasta el río y darse un chapuzón, lo que convierte a este lugar en una zona de ocio visitada en la época estival.

Salvado el río Tambre, el viajero aún puede apreciar la belleza del propio poblado de época medieval, un entorno restaurado con buen gusto y apropiadas intervenciones arquitectónicas en viviendas, algunas de las cuales cuentan con escudos renacentistas. En el lugar se localizan la capilla de San Brais, del siglo XVIII, dos molinos de agua rehabilitados, algún pombal de planta circular, hórreos y, a mano derecha, el imponente pazo del Baladrón, de propiedad particular, construído entre 1945 y 1955, con soluciones modernistas que se adaptaron a la armonía del lugar.

Ponte Maceira

Ponte Maceira

El peregrino se encamina entonces hacia la comarca de A Barcala, de gran producción láctea y cárnica. Es en ella donde se sitúan dos casas de turismo rural, Casa Gasamáns I y II, que ofrecen transporte gratuito a los caminantes y que distan dos kilómetros de Ponte Maceira. Primero por asfalto y luego por un sendero de tierra, que avanza a la ribera del Tambre y entre una carballeira (robledal), el caminante pasa por debajo del arco de Ponte Nova y, poco después, bajo el viaducto de la carretera AC-450, de intenso tráfico. Poco después, en el lugar de Outeiros, el caminante debe afrontar un tramo por esa carretera que le conduce hasta Barca. En ese término cruzará el asfalto sin paso de peatones (mucho cuidado en este paso) y atravesará el pequeño núcleo. Acto seguido vuelve a cruzar la carretera para afrontar, en ascenso, la llegada hasta Chancela. La diversidad de anuncios de albergues y servicios para caminantes ya desvelan el inminente fin de etapa.

En lo alto se dejará a mano izquierda el Pazo da Chancela o Casa do Capitán, de propiedad privada, con torre almenada del siglo XIV -toda la finca está rodeada de una muralla de piedra-, y, pocos metros después, el desvío hacia la aldea de Logrosa, un lugar con castro y con albergue privado para peregrinos. La vía milenaria continúa, sin embargo, de frente hasta desembocar, tras un descenso, en la avenida de Santiago de Negreira, donde se concentran la mayor parte de los servicios y alojamientos para caminantes. Quienes vayan a dormir al albergue público deberán continuar aún un pequeño tramo de recorrido, ya que la infraestructura se encuentra a la salida del núcleo. Seguirán por esta calle, girarán hacia la izquierda para continuar camino por la carretera de San Mauro, pasarán por debajo de uno de los arcos del Pazo de Cotón, cruzarán un puente por el río Barcala y se aproximarán hasta el mismo por una carretera bien señalizada y en ascenso.

En bici

La etapa no reviste mayor complicación para los ciclistas. Tan solo en el ascenso al Alto do Mar de Ovellas se aconseja, en invierno o tras un periodo de fuertes lluvias, continuar itinerario por carretera ante la posibilidad de que el ascenso marcado esté muy embarrado. A lo largo del recorrido los ciclistas se encontrarán con dos talleres donde solventar pequeñas complicaciones.

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