Pedrouzo-Santiago

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Un peregrino fotografía la catedral de Santiago oculta tras la niebla / Fotografía de Sandra Alonso

Un peregrino fotografía la catedral de Santiago oculta tras la niebla / Fotografía de Sandra Alonso

Para muchos romeros las ganas de llegar a Santiago y completar la ruta les hará avanzar rápido por esta etapa sencilla, de pendientes moderadas excepto en algún tramo y en la que la presión urbanística ha afeado la antesala a Compostela. A otros, sin embargo, el desaliento de ver cómo termina la aventura jacobea les hará ralentizar estos últimos pasos, que discurren entre pistas de hojarasca y enclaves de claro acento jacobeo con pequeños servicios. Lavacolla, en donde los peregrinos de antaño se lavaban de cuerpo entero para llegar limpios a Santiago, o el Monte do Gozo, una pequeña elevación desde la cual ya se tiene una lejana visión de las torres de la catedral, acercarán poco a poco a los caminantes al último recorrido urbano. El Camino accede a Santiago por el barrio de San Lázaro, convertido en una auténtica zona de servicios, y tras recorrer la avenida do Camiño Francés, una calle que rinde honor a la propia ruta, ya se aproxima al casco histórico. A través de un breve paseo se adentra en la zona monumental y se sitúa al pie de la catedral. Santiago ofrece al peregrino la recompensa a todos los esfuerzos realizados.

La etapa (21,1 kilómetros)

Con la mente puesta ya en la meta arranca desde Pedrouzo (21,1 kilómetros a Santiago) la última etapa del Camino Francés, un recorrido que se deberá comenzar a una hora temprana si se quiere llegar a la misa del peregrino, que tiene lugar a las 12.00 horas en el templo compostelano. Desde el albergue de la Xunta se puede o bien retroceder 600 metros hasta reencontrar la ruta oficial, que corre paralela al norte de la localidad, o bien seguir la carretera hacia abajo y virar a la derecha a la altura del bar Pedrouzo para desembocar en el entorno de un campo de fútbol. La ruta gira en este punto a la izquierda y avanza por un camino de tierra hasta llegar a San Antón (18,8 kilómetros a Santiago), una aldea situada en la vaguada formada por el río Brandelos. Fue en este lugar donde falleció en el 2008 Félix Menchacatorre, un peregrino de Guecho de 59 años, director para España del USAC (el consorcio estadounidense que lleva cada año a la comunidad vasca a cientos de estudiantes de EE.UU.), mientras guiaba a un grupo de alumnos hacia Santiago. Un monumento levantado en una curva recuerda su muerte. El trazado avanza a continuación por la que ya es la última gran robleda de la vía milenaria, sobre una pista que oscila entre asfalto y tierra. Bordea el castro de Amenal (16,8 kilómetros a Santiago) y arriba al propio enclave, en cuyo núcleo los romeros no hallarán un gran oferta de servicios.

Será unos metros después, tras pasar el río Brandelos y cruzar la N-547 por un paso inferior, cuando, al otro lado de la calzada, localicen el hotel Amenal, con desayunos desde las 6.00 horas, menús y habitaciones. Arranca entonces por un sombrío camino el repecho más duro de la jornada, el que los conduce hasta Cimadevila, con pendiente constante y pronunciada en un primer momento y más suave a continuación. El desnivel, que continúa por una pista forestal, se prolonga a lo largo de 2 kilómetros, hasta alcanzar el punto más alto, situado a 360 metros. El romero roza ya el entorno del municipio de Santiago y de su aeropuerto, una obra que junto a las carreteras que se acercan a él ha obligado a modificar de forma drástrica el trazado original de la vía milenaria. Múltiples cruces depositadas por los romeros en una valla que delimita el aeródromo y que el sendero deja a mano izquierda tratan de edulcorar esta triste llegada a la meta. En el entorno de la rotonda en la que confluyen la N-547, la N-634 y la autovía Santiago-Lugo, un monolito con bordón, calabaza y vieira, uno de los más fotografiados por los caminantes, anuncia la entrada al municipio compostelano. El peregrino bordea el contorno de la terminal aeroportuaria por la derecha a lo largo de un sendero con altibajos y no muy acondicionado. En época de grandes lluvias el barro acumulado en este tramo dificultará el tránsito para los caminantes y, sobre todo, para los ciclistas.

Por Lavacolla Después de cruzar una carretera secundaria y de proseguir travesía por debajo de unas parras el viajero alcanza el enclave rural de San Paio (12,5 kilómetros a Santiago), agrupado en torno a su templo de piedra. En este lugar los peregrinos podrán hacer un alto en el asiento situado al lado del mojón del lugar o reponer fuerzas en el restaurante Porta de Santiago. La travesía se reanuda con un duro repecho por carretera vecinal que enlaza en lo alto con otro sendero, bien señalizado, que parte hacia la derecha y sigue recto entre eucaliptos y pinos. Poco después, y tras una bajada, la vía salva por un paso inferior la autovía que conduce al aeropuerto santiagués y continúa, acto seguido, de frente, a través de un sendero estrecho bien definido. En un cruce de caminos la vía opta por la izquierda para descender, a través de un tramo asfaltado, hasta el lugar de A Esquipa, cuyo contorno se confunde ya con el de Lavacolla (10,5 kilómetros a Santiago). La vía, que bordea un centro escolar, se encontrará en su avance con una frutería, el café bar A Concha -con desayunos desde las 7.00 horas, menú del peregrino y habitaciones- y, a su mano derecha, el restaurante San Paio, también con almuerzos y menús para romeros. En las proximidades se encuentra, además, uno de los hoteles más conocidos de Santiago, el Ruta Jacobea, lugar habitual de bautizos, primeras comuniones y bodas.

El trazado sigue una curva hacia la izquierda y se aproxima por unas escaleras al entorno de un palco de música y a la iglesia de San Pelayo de Sabugueira, levantada en 1840. El sendero bordea el templo y su cementerio contiguo y se sitúa ante un cruce con la carretera N-634, conocida por los compostelanos como carretera de Lavacolla. La vía, que avanza en dirección Vilamaior, se encuentra al otro lado del asfalto con un ultramarinos, una máquina de refrescos y un bar y, justo después, a menos de 100 metros, con el río Sionlla, uno de los regatos más conocidos de la ruta jacobea al ser donde los romeros de antaño tenían por tradicional e higiénica costumbre despojarse de sus sucias vestimentas y asearse de cuerpo entero antes de su inminente llegada a Santiago. Esta práctica de lavado integral era frecuente también en diversos hospitales del Camino de Santiago, empezando por los de Navarra. El Códice Calixtino ya lo relataba así: "Entre los ríos de agua dulce y sana para beber está Labacolla, porque en un paraje frondoso por el que pasa, a dos millas de Santiago, los peregrinos de nacionalidad francesa que se dirigían a Santiago se quitaban la ropa y por amor al Apóstol solían lavarse no sólo sus partes sino la suciedad de todo el cuerpo". (Capítulo VI del libro V del Códice Calixtino) El propio nombre de Lavacolla procede del verbo lavar.

Sin embargo, y a pesar de la extendida creencia de que su origen se debe a la unión de lavar y collóns (así se denomina en la lengua gallega a los cojones), el organismo rector de la toponimia gallega no confirma tal hipótesis. Nada más cruzar el río arranca por asfalto un repecho de cierta dureza que se prolonga durante más de medio kilómetro hasta llegar a Vilamaior, desde donde se suaviza. En este núcleo los romeros podrán realizar otro pequeño alto en Casa Amancio, un lugar con habitaciones, menú de peregrino y wifi. Poco después ya alcanzan, a través de un sendero recto, Neiro, en donde se sitúan la sede de la TVG (Televisión de Galicia), la cual se deja a mano derecha, y unos metros después, el cámping de San Marcos. Tras un giro a la izquierda, la vía bordea también el centro emisor de TVE y sobrepasa La Lagunita, un club hípico abierto las 24 horas en el que los peregrinos ecuestres suelen dejar sus caballos mientras se acercan a Santiago. La entrada en Santiago El romero está a punto de alcanzar las proximidades de San Marcos (5,1 kilómetros a Santiago), un pequeño núcleo con servicios tanto en la propia vía -establecimientos con menús asequibles, pizzas, bocadillos o desayunos- como en sus proximidades. Tras continuar recto el trazado lo guía hasta una ermita, desde donde deberá girar a la izquierda y encaminarse hacia uno de los grandes iconos de la vía milenaria, el monte del Gozo (Montjoy, Montxoi o colina de San Marcos). Desde esta pequeña elevación, de 380 metros, los peregrinos tenían por vez primera la lejana visión de las torres de la catedral, de ahí el topónimo con el que se conoce a este lugar.

La historia recuerda cómo los caminantes franceses, al vislumbrar la proximidad del montículo, gritaban «Mon joie!, mon joie!» y echaban a correr hacia su alto. Y es que quien llegaba primero era saludado como rey de la peregrinación por sus compañeros. Diversos estudios avalan que los apellidos Roy y Leroy, franceses, y Rey, español, tienen su origen en este hecho. En la cima del montículo se levantó un monumento conmemorativo de la visita que el papa Juan Pablo II realizó a Santiago en 1982, durante el año santo. Se trata de una obra de la artista brasileña Yolanda D'Augsburg Rodrigues. Sobre una base pétrea se eleva una imponente escultura con cruz y concha, custodiada por las figuras de dos peregrinos. El pedestal está ornamentado con distintos grabados que reproducen de forma iconográfica la visita del pontífice a Compostela. El monte del Gozo, reconvertido desde el Año Santo Compostelano de 1993 en zona residencial para peregrinos y visitantes, así como en espacio de disfrute y encuentro, sitúa ya al romero en el inicio del tramo urbano que lo llevará a las puertas de la catedral santiaguesa. Con Santiago al alcance de la vista, una pista asfaltada bordea por la izquierda este complejo turístico del Monte do Gozo, que incluye el albergue con más capacidad de la ruta (400 plazas), diversas habitaciones, un cámping y un restaurante y, tras entroncar con unas escaleras –que los ciclistas evitarán al continuar por carretera-, alcanza el inicial barrio de San Lázaro.

Se cruza entonces una rotonda, que salva la autopista AP-9, y que acerca a los fatigados peregrinos al parque Camino de la Concordia, con el que se recuerda la concesión del premio Príncipe de Asturias 2004 a la vía milenaria. En esta zona ajardinada se levantó también la Porta itineris sancti Jacobi, escultura del artista compostelano Cándido Pazos con la que se trata de simbolizar que la puerta del Camino de Santiago ya se abre a la ciudad del Apóstol. Esta zona que atraviesa el peregrino experimentó un gran crecimiento en los últimos años.En ella se localizan el palacio de Congresos y Exposiciones y diversos centros administrativos del Gobierno gallego, como la Dirección Xeral de Montes, que ocupa uno de los edificios con más historia del entorno, el antiguo hospital de San Lázaro (leprosería), rehabilitado en el siglo XIX. Unos metros después, y tras adelantar diversos establecimientos donde se puede comer a precio módico, los romeros se encontrarán con la capilla de San Lázaro, de mediados del siglo XX. Prosiguen entonces por la propia avenida del Camiño Francés, llamada así al ser la puerta de entrada de la vía milenaria, y después de zigzaguear a través de varias curvas desembocan en el barrio de Os Concheiros, donde se ubicaban los puestos que vendían las conchas de vieira a los peregrinos recién llegados.

Esta tradición hizo que a los romeros también se les conociese popularmente en la ciudad como concheiros. En Santiago Tras ascender unos metros se llega a la pequeña plaza de San Pedro, donde se levanta un crucero y desde donde ya se muestran al caminante las calles empedradas y edificios monumentales del corazón del enclave. Se baja entonces por la calle de San Pedro, de asfaltado irregular, que reúne varios de los restaurantes y bares más populares y tradicionales de la capital gallega, y se llega a la encrucijada de la Porta do Camiño, de significativo nombre, una de las históricas entradas a la antigua ciudad amurallada. Una vez superado este último paso, la ruta se adentra en el casco histórico a través de la calle Casas Reais, donde antiguamente se ubicaba el gremio de cambiadores de moneda y en la que los caminantes descubrirán la imponente capilla de las Ánimas, para desembocar, acto seguido, en la plaza de Cervantes, primer gran espacio histórico de encuentro y comercio de la ciudad y sede hasta finales del siglo XVIII del Ayuntamiento. Las torres de la catedral se alzan majestuosas ante la orgullosa mirada de los romeros, que ven cumplida su peregrinación. Tan solo les restará descender unos metros más por la calle de A Acibechería (lugar donde se concentraban los múltiples artesanos del azabache) y dejar a mano derecha la imponente fachada del antiguo monasterio de San Martiño Pinario (siglos XVII-XVIII), que esconde uno de los claustros más impresionantes de Galicia.

La catedral se sitúa justo enfrente, a la izquierda del caminante, el cual, si sigue la senda tradicional, deberá acceder al templo por esta puerta, la de A Acibechería, conocida ya en el Códice Calixtino como puerta Francígena. En la actualidad son muchos, sin embargo, los romeros que optan por demorar unos pasos más la llegada. Atraviesan el arco de bajada a la plaza del Obradoiro y se enfrentan desde allí a la espectacular y desbordante fachada barroca del templo. Tan solo durante los años santos los peregrinos deberán optar por entrar a la basílica por la Puerta Santa, situada en la plaza de A Quintana, que permanece abierta solo durante dichos períodos. Fin del Camino.

En bici

Aunque no cuenta con grandes dificultades orográficas, el recorrido de este tramo final puede resultar complicado para los ciclistas en algún tramo, como en la empinada y rocosa subida desde Amenal hasta Cimadevila. El Camino supera pequeños valles y ríos y esta sucesión de subidas y bajadas endurece el recorrido y lo dificulta tras una época de fuertes lluvias. En el sendero que bordea el contorno del aeropuerto compostelano de Lavacolla es posible que los ciclistas tengan que echar pie a tierra ante la imposibilidad de seguir trayecto.

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