Palas-Arzúa

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Imagen de Leboreiro / Xosé Castro

Imagen de Leboreiro / Xosé Castro

Perfil rompepiernas

Cortas pero exigentes rampas, especialmente en la llegada al final de etapa. antes de Arzúa se encuentra el bucólico paraje de Ribadiso, uno de los albergues más espectaculares del Camino. Por fin, el Camino entra en la provincia de A Coruña, en la que se encuentra la ansiada Santiago de Compostela. En los parajes que se atraviesan durante esta etapa se elaboran los quesos más sabrosos de Galicia. Se intercalan partes del Camino destrozadas y tramos muy bien conservados y rehabilitados. Desde un polígono hasta la maravillosa aldea de Leboreiro. En Arzúa se unen los peregrinos que proceden del Camino del Norte. La etapa (29,4 kilómetros) El peregrino se despide de Palas de Rei (68 kilómetros a Santiago) por la N-547 en dirección a Compostela. La carretera se abandona unos metros para coger un pequeño desvío a mano derecha siguiendo el indicador de Curuxas. A poca distancia de la ruta destaca una majestuosa vivienda emplazada a orillas del rego Ruxián y un pequeño pero cuidado paseo fluvial.

Tras retomar la carretera, el Camino vuelve a desviarse a mano derecha en el indicador de Carballal por una exigente rampa que atraviesa la Aldea de Riba para volver a descender hasta la carretera, la cual se atraviesa hasta su margen izquierdo. Un sendero señalizado con un mojón conduce por monte hasta San Xulián do Camiño por una bonita ruta. El único inconveniente aparece en época de intensas lluvias, cuando pueden llegar a formarse charcos que obligan a elegir entre calzarse las aletas o a esquivar las traicioneras alambradas que custodian las parcelas aledañas. San Xulián do Camiño es un pequeño pueblo con su zona noble empedrada en la que destaca el cruceiro, en el corazón del núcleo,  y la iglesia, fundada en el XII aunque sustancialmente transformada en el XVIII. Cuenta la leyenda que en la antigüedad acogió un hospital de peregrinos regentado por el soldado Julián y su esposa. Por accidente, Julián acabó con la vida de sus padres y como penitencia levantó dicho hospital para la atención de los romeros. Un día recibió la visita de un ángel para comunicarle su perdón.

El albergue privado

O Abrigadoiro sirve desayunos y comidas. Justo antes de abandonar la aldea el peregrino se encuentra con el Castillo del Lobo, una peculiar tienda de artesanía que también ofrece masajes mediante la centenaria técnica japonesa shiatsu. Más adelante, el peregrino se topa con un cruce mal señalizado en el que debe continuar de frente. El asfalto deja paso a la tierra y, tras un pequeño descenso, se enlaza con una carretera. Al salvar el río Pambre se llega a Pontecampaña, sitio en el que se levanta el albergue privado Casa Domingo. Su fundación oculta una curiosa historia. Una hija de la emigración regresó a conocer sus orígenes y se enamoró de un vecino del lugar. Juntos deciden restaurar una vieja casa que desde el 2002 funciona como albergue. Desde este punto arranca uno de los tramos más espectaculares de la etapa, durante el que se atraviesan excepcionales corredoiras. Algunas, sobre roca madre. Ni siquiera a los ciclistas les molestará tener que echar pie a tierra. Los amantes de la naturaleza que vayan cargados con una cámara de fotos que se preparen para disparar a discreción.

Por Leboreiro y Disicabo

Por este bello sendero se llega hasta Casanova (24,4 kilómetros a Arzúa), donde destacan sus casas solariegas. En Casanova hay un albergue público, a partir del cual comienza una dura rampa, y otro privado (A Bolboreta) que también funciona como casa rural. Pronto comienza un descenso hasta el río Porto de Bois. Una vez allí se vuelve a ganar altura hasta A Campanilla y luego hasta O Coto (21,4 kilómetros a Arzúa), en donde un mojón informa al peregrino que acaba de pisar suelo de la provincia de A Coruña. En una especie de vía de servicio paralela a la eterna N-547, el Camino pasa por delante de un ultramarinos ideal para reponer víveres, por la cafetería A Taberna y por el establecimiento de turismo rural Casa Somoza, en donde cada desayuno es una fiesta. Los días de sol, dos perros perezosos suelen tumbarse en medio del asfalto desafiando a los turismos a que se aparten a un lado. Tal y como indica un nuevo mojón, el peregrino abandona la carretera. Un sendero a mano izquierda conduce hasta la pintoresca aldea de Leboreiro. Leboreiro es una de las aldeas más espectaculares de la etapa. Su nombre deriva de tierra de liebres. Su suelo empedrado lleva hasta un cruceiro. Unos metros más adelante, a mano derecha, se levanta la iglesia de Santa María (siglo XIII), que en su interior alberga unos sensacionales murales. El templo fue declarado por la Consellería de Cultura hito patrimonial del Camino. En su acceso se encuentra un peculiar cabazo.

Los cabazos tienen la misma función que los hórreos, la de guardar y proteger el grano y otros alimentos. En algunas zonas de Galicia, como en la costa de Lugo, a los hórreos se les sigue denominando cabazos. En época medieval Leboreiro también acogió un hospital de peregrinos fundado por la familia noble Ulloa. La leyenda cuenta que cerca de la iglesia había una fuente que se iluminaba por las noches. Los vecinos de la zona sospecharon que bajo tierra se ocultaba algo mágico, se armaron de utensilios y cavaron hasta dar con la imagen de una virgen, que fue llevada al interior del templo. Sin embargo, cada noche, la imagen regresaba bajo tierra. Así, día tras día hasta que un artista de la zona esculpió una imagen en el tímpano, momento a partir del cual la virgen decidió establecerse dentro del templo. Se atraviesa la pequeña aldea de Disicabo y se llega a Madalena, en la que se ubica el restaurante Terra de Melide. Requiere desviarse un poco del Camino pero cuenta con una variada oferta y con un horario continuado de 7.00 a 0.00. Un poco más adelante se encuentra el principal lunar de la etapa, ya que el peregrino convive con las prisas y los motores de los transportistas y repartidores que transitan por el polígono industrial.

Sí, el Camino de Santiago atraviesa el corazón de un polígono industrial. A los márgenes del sendero se ha intentado a marchas forzadas aumentar el impacto de la ruta jacobea, pero el entorno es tan desapacible que lo único que se ha logrado ha sido empeorarlo. Las fuentes de piedra, los monolitos y los arbustos en honor a los romeros están totalmente fuera de contexto. Al abandonar el polígono, el peregrino debe seguir caminando por un tramo paralelo a la carretera desde el que se divisa Melide para acabar desviándose por una senda que lo conducirá hasta Furelos, otro de los enclaves mágicos de la etapa. A este pequeña aldea se accede por un puente del siglo XII con cuatro arcos de medio punto, ante la mirada de los expertos pescadores que suelen acercarse hasta el río para probar fortuna. La travesía por el núcleo se realiza sobre empedrado. Llaman la atención su iglesia, bien protegida por un muro. En una de sus casas luce con nobleza el escudo de los Caamaño. 

Los vecinos del lugar coinciden con los peregrinos en la taberna O Farruco. En el lugar se ha abierto en el verano del 2013 una información de información al peregrino en la que se facilitan datos sobre cuestiones gastronómicas, alojamiento u horarios con los diferentes servicios de transporte.  Al abandonar Furelos el suelo se vuelve gravilla para ascender hasta Melide (16 kilómetros a Arzúa), localidad de la que es pecado marchar sin probar el pulpo. De nuevo rumbo a Santiago, descenso de un estrecho sendero de tierra que conduce hasta la carretera nacional. Al otro lado de la vía se aprecia un desvío repleto de indicadores hacia la CP-4603. 300 metros más adelante hay que coger a mano derecha hacia Santa María de Melide, pequeña e histórica aldea a los pies del Camino. Santa María de Melide, con su firme de la zona noble enlosado, cuenta con una fabulosa iglesia del románico en la que destacan sus dos espectaculares fachadas y las pinturas murales de su interior, estas últimas fechadas en el siglo XV. Los amantes de la arquitectura se sorprenderán con los detalles que afloran en el templo. Tras atravesar el riachuelo de San Lázaro, ya sobre una pista a medio asfaltar, se deja a mano derecha un lavadero y se sigue caminando por un firme bastante irregular hasta Carballal. Más adelante, ya sobre un sendero más salvaje protegido por una combinación de árboles autóctonos combinados con pinos y eucaliptos, se salva el río Raído a través de una pasarela de granito por la que los peregrinos deberán desfilar de a uno.

El Camino vuelve a tocar la carretera durante un pequeño tramo para volver a desviarse hasta la llegada a Parabispo, primera localidad del concello de Arzúa. En el margen izquierdo se encuentra un curioso tenderete sin vigilancia que funciona a modo de autoservicio. Frutas, café, bizcocho... todo tiene un precio. Se confía en la buena voluntad del viajero, que deberá depositar las monedas en una hucha. Por todo salvo por el agua, «muy buena» y gratis. Cuenta hasta con el artilugio para sellar la credencial.  El terreno pica hacia arriba hasta el lugar de A Peroxa, que forma parte de la parroquia de Boente. Boente (9,4 kilómetros a Arzúa) es una aldea partida en dos (Boente da Riba y Boente da Baixo) por la carretera nacional. Al dejar atrás la cafetería El Alemán (que también ofrece comidas), la pista que atraviesa Boente da Riba conduce hasta un cruceiro y la fuente de la Saleta, ya a orillas de la carretera. Un poco más adelante se encuentra el albergue privado Boente, que cuenta con una terraza interior y que trabaja menú del día. Unos metros más adelante, un poco más alejado de la ruta jacobea, aparece el albergue privado Os Albergues. Al otro lado de la N-547, y por tanto, ya en Boente da Baixo, está la iglesia de Santiago.

Ribadiso, cerca de Arzúa

En el Camino se siguen intercalando pronunciados descensos con violentos ascensos al atravesar Brea, cuyo riachuelo está contaminado por unos gigantescos cilindros metálicos en pleno proceso de oxidación. Se sigue subiendo hasta llegar a un falso llano asfaltado donde se encuentra el café-bar No Camiño, con su terraza. Un poco más adelante, tras coger un señalado desvío a la izquierda, se accede a Castañeda. En este lugar se encontraba un horno de cal en el que los romeros depositaban las piedras con las que venían cargando desde Triacastela, contribuyendo a la construcción de la catedral de Santiago. Así aparece reflejado en el propio Códice Calixtino. (Triacastela) ...lugar en el que los peregrinos cogen una piedra y la llevan hasta Castañeda, para obtener cal destinada a las obras de la basílica del Apóstol. Capítulo III del libro V del Códice Calixtino Nada más entrar en Castañeda (7,4 kilómetros a Arzúa) se deja a mano derecha el albergue privado Santiago, que también funciona como café-bar y que cuenta con una estupenda terraza. Siguiendo la carretera se desciende hasta el arroyo Ribeiral, punto a partir del cual el terreno volverá a empinarse. En plena ascensión, un cartel de madera incrustado en un árbol indica un desvío hacia Casa Milia, tras una rampa a favor; a mano derecha, un panel informa al romero de la situación de la pensión-bar Casa Garea, a la que se accede a través de un sendero entre eucaliptos.

De nuevo hacia arriba, el peregrino cruza la carretera sobre un puente y, tras llegar a un pequeño tramo empedrado, se comienza un descenso hacia Ribadiso (3,4 kilómetros a Arzúa), otro de los enclaves mágicos en la jornada, y su albergue, un lugar ideal para hacer noche. La despedida de Ribadiso es doblemente dolorosa. En primer lugar, se abandona uno de los núcleos más mágicos de la ruta. En segundo lugar, las piernas sufren con la infernal rampa hasta la N-547, la cual se atraviesa dando un pequeño rodeo a contrasentido de los coches que se dirigen a Arzúa. Al atravesar un núcleo de casas, la ruta jacobea transcurre paralela a la carretera nacional. En el otro lado de la misma se encuentra una completa estación de servicio en la que el peregrino que llegue justo de gasolina podrá repostar antes de la llegada a Arzúa, a menos de un kilómetro.

En bici

Los ciclistas afrontan una etapa sencilla. Se puede complicar en épocas de fuertes lluvias, porque se atraviesan zonas de terreno blando, llegando a formarse auténticos barrizales. En algunos puntos puede llegar a acumularse el agua en inmensos charcos. Rampa pronunciada desde Ribadiso hasta Arzúa. Hay muchos ciclistas que llegados a este punto prefieren circular por la carretera general hasta Santiago. Totalmente desaconsejado. Además del peligro que conlleva el hecho de compartir vía con vehículos motorizados, los que prefieran pedalear sobre asfalto no tendrán la posibilidad de conocer las mágicas aldeas de tiene Galicia.

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