Tui-Mos

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Vista general del puente internacional de Tui / Fotografía de Xulio Vilariño

Vista general del puente internacional de Tui / Fotografía de Xulio Vilariño

El Camino Portugués entra en Galicia con fuerza, en la majestuosa Tui. La primera jornada de marcha combina maravillosos tramos de bosque con un terrorífico e infinito trayecto por medio de un polígono industrial. El que no tenga ganas o fuerzas para llegar a Mos, tiene la posibilidad de hacer noche en O Porriño.

La etapa

Tras cruzar el Puente Internacional, paso fronterizo, los peregrinos se despiden de Portugal; de su caos y de su encanto. El diseño de esta estructura de metal suele atribuirse de forma errónea a Gustave Eiffel, por su similitud con la popular torre parisina. Los caminantes ponen su primer pie en Galicia en la histórica Tui, una excelente carta de presentación.

Un ligero descenso lleva a los viajeros hasta el nivel del río para que avance a través de un bonito paseo fluvial, repleto de verde, a orillas del caudaloso Miño, que aproxima al peregrino hasta el centro histórico, en lo alto.

De forma inesperada el peregrino pasa de la piedra y el asfalto a la tierra y la huerta. Pasan cercanos al medieval Ponte da Veiga sobre el Louro, dejando atrás un merendero con dos esculturas jacobeas en su zona de influencia. Este tramo del Camino Portugués coincide con la Vía Romana XIX, como bien podrán comprobar los romeros. No faltan los indicadores. Esta calzada de origen romano actuó desde los tiempos de Augusto como principal nexo entre las localidades de Braga, Tui, Pontevedra, Caldas, Padrón, Lugo y Astorga.

Ya sobre carretera, el Camino tiene un problema de doble indicación y el peregrino se enfrenta a desviarse por una pista que nace a la derecha o a continuar sobre el asfalto. Ambas opciones señalizadas. La pista de la derecha, tras un pequeño rodeo y muchas dudas, lleva a un callejón rural sin salida, por lo que se deberá continuar un trecho por la carretera local hasta pasar bajo la vía del tren y desembocar en la N-550. Al otro lado de la misma se encuentra la pequeña localidad de A Picoña. Ojo al cruzar.

Siguiendo los mojones, y tras un giro a la  derecha, el romero se encuentra con la capilla de la Virgen del Camino, con su fachada de piedra, su crucero (además del tradicional Cristo, a media altura hay una figura de un peregrino) y sus mesas, tan demandadas en las fiestas que se celebran durante el mes de agosto. El peregrino debe seguir durante un buen tramo el rojo del margen derecho de la  PO-2502. Es un trayecto peligroso, en el que se convive con los vehículos, aunque afortunadamente cada vez esta vía presenta menos tráfico. El caminante debe abandonar esta carretera provincial a través de una rampa de tierra a mano derecha, bien indicada con un mojón, que lo transportará hasta un paso elevado sobre la A-P9 para adentrarlo en el bosque. Cuenta la leyenda que en este bosque, a la altura del río San Simón, San Telmo, en plena peregrinación a Santiago, enfermó de muerte, por lo que dio vuelta para pasar sus últimas horas de vida en Tui. En recuerdo se levanta una cruz de piedra y un monolito con la inscripción: "Caminante, aquí enfermó de muerte San Telmo en abril de 1251. Pídele que hable con Dios en favor tuyo”. Al lado hay una pequeña estructura metálica en la que los peregrinos depositan sus plegarias. El riachuelo San Simón se salva con la ayuda del Ponte das Febres, del románico portugués, aunque oculto y protegido por una pasarela de madera.

Continuando el sendero, el romero accede hasta A Madanela, pequeña aldea de la parroquia de Ribadelouro (Tui). Hay un bar algo alejado del Camino. También resisten unas máquinas expendedoras, aunque a comienzos del verano del 2013 se encontraban fuera de servicio.

El peregrino serpentea por este tranquilo núcleo plagado de viñas hasta desembocar en una carretera general, que deberá seguir de frente hasta toparse con un calvario pegado a la misma carretera compuesto de cinco cruces alineadas. Tras girar a la derecha siguiendo las indicaciones de un mojón, la etapa vuelve a abrazar el bosque.

El peregrino atraviesa el puente medieval de Orbenlle sobre el Louro, en uno de sus puntos en los que alberga una mayor cantidad de porquería. Desde el centro de Tui, primera fuente. Al llegar a este punto, desde el 2014, existe una nueva posibilidad. A través de este nuevo trazado, perfectamente indicado, el peregrino tiene la posibilidad de evitar un polígono industrial y avanzar hacia Santiago por las expléndidas Gándaras de Budiño. La nueva ruta, reclamada desde hace tiempo por la Asociación Gallega de Amigos del Camino, transcurre por Pontellas y Mosende y empalma con el centro Mos. Los peregrinos que elijan este nuevo trazado tendrán que caminar medio kilómetro más hasta el final de etapa, pero a cambio disfrutarán de un paseo mucho más sosegado.

O Porriño

O Porriño

Para los que opten por continuar por el antiguo, en la aldea de Orbenlle, ya en el concello de O Porriño, hay un restaurante y un bar. Y justo a la salida, al principio de un nuevo tramo de bosque, se aprecia por primera vez el descomunal polígono industrial de As Gándaras, gran lunar de la etapa y probablemente de todo el Camino Portugués. Este gigante absorbe al Camino durante algo más de tres peligrosos kilómetros en línea recta. La zona industrial debe su nombre al espacio natural protegido de As Gándaras de Budiño, de importante valor.

Tras un paso elevado sobre la vía del tren comienzan a aparecer los servicios de hostelería del extrarradio de O Porriño, con varios asadores especializados en carne, cafeterías y demás locales comerciales. En medio, la capilla de A Virxe da Guía, en la parroquia de Atios, que como acaba de comprobar el peregrino es el lugar en el que se concentran el mayor número de canteras del famoso granito rosa. Esta capilla, construida en el siglo XVII, es una de las más populares de todo el concello. A mediados de agosto acoge una extraordinaria romería. Tras esta larga recta, comienza el ataque definitivo a O Porriño.

Desde O Porriño hasta Mos distan seis kilómetros. La despedida de este núcleo se realiza siguiendo la N-550 a través de una zona de grandes superficies comerciales. El Camino abandona esta vía durante un pequeño tramo para introducirse por la aldea de Coto Filgueiras.

De nuevo en la N-550 el peregrino afronta uno de los puntos más peligrosos de todas las rutas jacobeas. En teoría debería ir por el arcén derecho de la vía, aunque para no tener que cruzar en plena curva, sin visibilidad, tiene dos opciones que tampoco son de  agrado: o cruzar tan pronto pueda a la otra orilla o continuar por la derecha desobedeciendo las indicaciones hasta una rotonda en el que podrá realizar un cambio de sentido, como si de un turismo se tratara. Una vez salvado este escollo, no tendrá ningún problema para acceder a Mos (3 kilómetros), previo paso por su barrio de Veigadaña, en el que hay un oratorio a Santa Ana, plagado de flores depositadas por los vecinos. Aunque pica hacia arriba, la meta está a un paso.

En bici

Precaución en el polígono industrial que se encuentra antes de la entrada a O Porriño. Etapa cómoda. Atención a los cruces con la carretera, especialmente en el que hay que cambiar de margen, justo a la salida de O Porriño. No hay visibilidad y la vía siempre presenta tráfico. Muy peligroso. Algunos mojones están algo ocultos por la vegetación, pero en general la etapa está bien indicada.

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